Sunday, December 14, 2008

En los zapatos de los otros

El otro día me llamó la atención muchísimo una película que vi en casa de una amiga. Comenzamos a verla cuando estaba empezada pero aún así pudimos adivinar la trama: se trataba de una persona blanca que de repente se encontró dentro del cuerpo de una persona negra y el sufrimiento que se derivó de ello como consecuencia de ser discriminada y percibida de manera diferente por los demás. Parece que era una serie y la lección de ese día era la de sentirse dentro de la piel de otra persona. Eso en otras palabras sirve para formar las bases de lo que se conoce como empatía.

Un día de mitad de la semana pasada me tocó sentirme como si me hubiera calzado con los zapatos que usualmente veo puestos en otras personas, desde una perspectiva más positiva, por suerte.
Tengo una amiga que cuando salimos, usualmente a trabajar y a divertirnos ella se ofrece a llevarme de ida y vuelta en su vehículo. Ella considera innecesario utilizar los dos vehículos y me racionaliza que con lo difícil que es conseguir parqueo en NYC es mejor dejar el mío cerca de mi casa. Yo sospecho que ella tiene una real vocación de servicio y se las arregla para no hacerme sentir mal pues a partir de ese momento me estoy poniendo en sus manos. Mi independencia resulta comprometida.
En realidad conmigo no debería hacer tanto esfuerzo pero ella trata de ponerse delante y suavizarlo para tratar de no herir algún sentimiento machista que pudiera existir en mí. Aunque pudiera tener oculto algo de eso, que yo mismo en mi sano juicio no admito, para todos los fines trato de ser práctico y no estúpido y cuando salgo con ella es una oportunidad que tengo de disfrutar de un trago que si fuera yo quien estuviera manejando me haría sentir culpable por lo estrictas (y con razón) que son las reglas sobre tomar alcohol y conducir.

Dicho y hecho, trabajamos, nos divertimos e hicimos lo que teníamos que hacer, nos fuímos a buscar tostones a las 3 de la mañana y la mayoría de los negocios estaban cerrados. Cuando finalmente encontramos uno que hace las 24 horas mi amiga se arrepintió. Parece que se sintió culpable de comer a tan altas horas de la madrugada. Decidimos irnos e igual como en ocasiones anteriores mi amiga nos llevó a nuestras casas. Y lo curioso del caso es que igual como hago yo cuando me toca llevar a mis acompañantes, mi amiga esperó a que todo el mundo abriera sus puertas y se introdujera dentro de sus casas para entonces partir. El ser el último que le tocó llegar a la casa no me excluyó de recibir el mismo tratamiento y pude observar con cuánta paciencia esperó a que yo torpemente sacara mis llaves, abriera las puertas y me introdujera dentro de la casa muy a pesar de que su marido, una hija adolescente y un bebé pequeño esperarían por ella a más de una hora de distancia desde mi casa.
Fue algo extraño. Entendí en ese momento lo que se siente saber que alguien está pendiente de ti y que en cierto modo se preocupa y demuestra gran interés en protegerte y cuidarte sin esperar nada a cambio.
Tambien entendí que no soy el único. No estoy solo.

1 comment:

Umma1 said...

Qué post más sabroso.

Cuánto decís en él!!!
Sabés que me parece escucharte?
Que más que estar agradecido a su interés, estás francamente irritado con ella, que te sobreprotege, te limita y no te gusta ni un poquito como actúa.

Lo más probable es que se trate de una excelente persona, con conciencia ecológica y todo eso. O quizá se ocupe de llevar y traer a todos sus amigos, porque confía más en ella que en los demás, cuando de conducir se trata. Andá a saber...

Vos decís:

"Yo sospecho que ella tiene una real vocación de servicio y se las arregla para no hacerme sentir mal pues a partir de ese momento me estoy poniendo en sus manos. Mi independencia resulta comprometida."

En las relaciones humanas, lo mejor es ir de frente. Con afecto, me parece, lo mejor sería expresarle esa frase tan clara que escribís:

"Mi independencia resulta comprometida."

La vida es opción, Fernando, y entre tomar una copa y no más y "conducir el propio coche"; o entregar la libertad de "conducir la noche", me parece que queda claro cual es la principal.

(F)