Friday, June 18, 2010

Viernes

Qué un Viernes como el de hoy me parezca igual que un Lunes, es algo que me interesa conseguir. Y voy a tratar hasta el cansancio. Tanta emoción anticipada por la llegada del fin de semana y los dos días supuestamente libres para hacer lo que uno quiera, lo que más le venga a uno en ganas. Lo que significa en resumidas cuentas no hacer nada.

Al pasar un balance más detallado esos dos días se convierten en uno. Llega el Domingo y se nos arruina todo sólo de pensar que al día siguiente hay que ir a trabajar. Lo cual no es justo. Imaginarnos que vienen 5 días ininterrumpidos de labores conspira con nuestros mejores deseos de disfrutar ese día libre.

Hacer todos los días iguales haría que los disfrutáramos todos con igual entusiasmo o que los convirtiéramos en días miserables e inservibles para el disfrute del cuerpo y del alma. No más picos y valles. O en la cima de la euforia todo el tiempo o en la profundidad del abismo aburrido, monótono y hostil. No queda otra alternativa.

Ojalá y todo pueda ser reversible. Si al conseguir lo que quiero no me siento cómodo con los resultados alcanzados. Es que no podemos descartar la insatisfacción que siempre acecha y es algo intrínseco, inherente de todos los seres humanos.

Ah!, me olvidaba: creo que soy uno de ellos...

3 comments:

Raymunde said...

Yo soy otra de ellos, Fernando. yo espero con ansia que llegue este próximo lunes, 21 de junio, para que los siguientes fines de semana se vean libres de angustia, para hacerlos míos de verdad. Hablo en charadas... Lo que quiero decir es que, a veces, el poder trabajar es una bendición, porque el trabajo, además de satisfacción personal (fin en sí mismo), se convierte en instrumento para alcanzar deseos (medio imprescindible).
¡Que disfrutes del fin de semana!

Fernando said...

Me alegro de los vientos que te han empujado hacia acá Ray. Lo que dices siempre tiene mucho sentido.
Sin importar que a veces los trabajos por más interesantes que sean, corren el grandísimo riesgo de volverse monótonos y repetitivos, los apreciamos de veras cuando no los tenemos, cuando nos hace falta conseguir cosas y además porque el estar ociosos y sin tener nada que hacer es algo que en nuestras sociedades socava lo más profundo de nosotros mismos, de nuestra dignidad y valía que como personas siempre merecemos.

Raymunde said...

Lo que dices me recuerda a la pirámide de Maslow (http://es.wikipedia.org/wiki/Abraham_Maslow). Como en el trabajo toco bastante este tema, apunto aquí que es interesantísimo ver cómo el entorno social determina las prioridades de cada uno.
Y gracias por tus siempre amables palabras.