Thursday, October 28, 2010

Para no morir de aburrimiento

La vida tal y como es parece ser algo tediosa. Todos hemos visto la increíble cantidad de cosas que los humanos inventamos para entretenernos y no morirnos del aburrimiento. 

Tener dinero y/o fama no quiere decir estar mejor protegido y darle a nadie mayor ventaja contra el 'mal' que el resto de los mortales. Es más, para algunas personas, poseer estas se convierte en una especie de maldición en vez de una salvación. Un ejemplo reciente lo constituye enterarnos del último incidente en el que se vio envuelto Charlie Sheen ('two and a half men', entre otros).

Guardando las distancias, hace unos años yo me vi en una situación en la que me di cuenta que por el camino en que iban las cosas, ellas no presagiaban nada bueno. No tener muchos compromisos y en cambio tener dinero sobrante para gastar en bares y clubes casi todas las noches no eran cosas que ayudaban mucho a llevar una vida organizada  o cultivar el intelecto. Mucho menos a realzar el espíritu.

Algunas señales me estaban indicando y alertando que de no parar la iba a pasar muy mal. Y decidí entonces que la mejor manera de hacerlo, el parar, era haciendo un cambio y limitando la cantidad de dinero de que podía disponer. Y lo hice de tal manera que me sobraba pero no tanto como para vivir de fiesta en fiesta todos los días.

No mucho tiempo después vino la crisis económica de la que todos hemos disfrutado bastante los últimos años y a la larga el resultado ha sido que lo que pareció bueno en aquel tiempo ha sido la peor inversión que yo hubiera podido hacer. 

Pero eso no se veía venir ni remotamente, así que hoy no podemos juzgar retrospectivamente esas acciones nuestras en base a información que no poseíamos en aquel entonces, o sea, de la que sí disponemos ahora. La debacle económica que sobrevino y que nos ha arropado nos cogió casi a todos por sorpresa.  

No obstante lo menos que hemos hecho ha sido quejarnos. Y por varias razones. Haber canalizado más de una tercera parte de los ingresos en inversiones que lo que nos han dejado es cuantiosas pérdidas a corto y quién sabe si hasta largo plazo, vuelvo y repito, ello pudo, si señor, habernos salvado la vida.

Y la existencia de "la esquina de Fernando" se la debemos también a esas malas inversiones. Con algo debíamos entretenernos luego de que los hábitos hubieran sufrido tan drásticos cambios casi de la noche a la mañana. No hay que ser un genio para con cierta sobriedad y una computadora personal pues terminar haciendo lo que muchos ya habían estado haciendo: escribir blogs. 

Las experiencias y contenidos que se generan por vivir en una ciudad como NY nunca faltan...y muchas de esas pueden relatarse. Sólo hacía falta encontrar las palabras adecuadas y claves que sirvieran para igualar la intensidad de los sentimientos que las mismas producían. Con el tiempo y la práctica nos hemos acercado bastante a lograr ese objetivo.

Creo que esta puede relatarse. Decían las leyendas que lo único que servía para curar a las personas que sufrían picadas de arañas era la música.. A mí no me ha picado ninguna pero conozco a alguien que sí le picó una y qué suerte que mañana Viernes voy a ver a Christina Pluhar que sabe mucho de estas cosas y tambíén sabe tocar la música que la cura, ésa y también los otros males del cuerpo y del espíritu.

¡Vaya las cosas que tenemos que hacer por los amigo-as, para entretenernos y para no morir aplastados en medio del tedio y la rutina!

Saturday, October 9, 2010

El contagio de las emociones

A las 6:50 de la mañana de este Viernes leí en su blog que ella estaba triste e inmediatamente yo también me puse triste.

No lo supe en ese momento sino horas más tarde cuando me preguntaba a mí mismo a qué se debía ese sentimiento mezcla de melancolía e infelicidad (como si me faltara algo) que me embargaba y me hacía caminar desanimado y mucho más despacio que de costumbre.

Me puse a recordar y me di cuenta que esa información era la culminación de toda una semana en la que predominaron los motivos tristes. Ir a ver la obra de Himmelweg el pasado fin de semana (Way to Heaven: sobre un campo de concentración Nazi construído con el propósito expreso de engañar y encubrir el mal trato dado por los alemanes a los judíos), fue el primero de los ingredientes con que comenzó a prepararse el escenario.

Luego, en la mitad de la semana me conmovió sobremanera enterarme que una amiga, se había pasado todo el día anterior llorando. Saber las razones particulares por las que lo hacía nunca es lo más relevante para mí bajo esas circunstancias aunque siempre podemos intuirlo.

El sufrimiento de otro ser humano, sobretodo cuando es muy poco lo que se puede hacer para aliviarlo, nos deja con una sensación doble que es una mezcla de impotencia y desconsuelo. ¿Qué podríamos hacer para tratar de quitarnos ese incómodo sentimiento de parálisis y a la vez tratar de servir de algo para ayudar a la otra persona a mitigar su aflicción? No mucho lamentablemente. Por lo menos así parece.

Con la lectura de ayer Viernes se completaron todos los ingredientes necesarios para darle a la fórmula su real efecto debilitante.

Y ese malestar no nos abandonó durante todo el día.

Es increíble el poder de contagio que tienen algunas emociones. Sin embargo no siempre ocurre así con todas. En otras palabras, no hay simetría entre unas y otras. La felicidad o la euforia de un amigo/a o ser querido podrían ser un buen ejemplo.

Ellas no nos proveen de un poder energizante tan grande que sea equivalente al que en proporción inversa nos sustraen, nos quitan esas emociones y sentimientos de dolor que presenciamos en aquellas personas con las cuales nos une algún lazo de tipo emocional y sentimental.

¿Porqué la capacidad para sufrir las desgracias y desventuras ajenas tiene que ser mayor que nuestra capacidad de disfrutar la felicidad y el bienestar de las personas que están a nuestro alrededor?

¡No sé a cuales propósitos sirve esa asimetría: por lo pronto yo no la siento nada bien!

Sunday, October 3, 2010

Curry on the way to Heaven!

Hay respuestas que aparecen así de improviso cuando menos uno se las espera. El otro día Bu-Pichiplayas me dejó intrigado con la comida hindú y el hecho de que ella no se encontrara con ningún restaurante que sirviera ese tipo de platos cuando ella estuvo de vacaciones en New York.
La verdad es que no me había picado tanto la curiosidad por la comida india hasta que ella y Sophie estuvieron conversando sobre el tema en The Bridge.

Ya sabía yo que la base de su cocina es el condimento Curry pero en realidad no estaba tan interesado en ella  porque me gusta mucho la comida jamaiquina y ellos, los jamaiquinos, son expertos haciendo comida con Curry y con ellos aprendí a apreciarla. Para los que no lo saben el Jerk chicken que ellos hacen es sencillamente divino (como ejemplo de algo bueno, no que el condimento base en el Jerk Chicken sea Curry).

Ayer Sábado tomé el tren para ir a ver la obra "Way to Heaven" al Repertorio Español y al desmontarme del tren 4 en la parada de Lexington con la calle 28 comencé a ver algunos restaurantes con títulos indios. Aunque la verdad es que no presté tanta atención porque pensé que iba a llegar tarde.

                                                                              
Por suerte no fue así y llegamos con mucho tiempo de adelanto (cosa rara en mí), para ver la tal obra que nos sorprendió muchísimo por la fuerza y el impacto del tema que trata y de la que vamos a hablar más en detalle en el otro blog.


Por ahora lo que me interesa mostrar es que a la salida del teatro y en dirección a tomar el tren de regreso y ya sin ningún tipo de presión por llegar a alguna parte pude entonces descubrir una concentración enorme de restaurantes hindúes en el área comprendida entre las calles 27 y 28 a todo lo largo de Lexington Avenue en Downtown Manhattan.

                                                                











Me sentí tentado por entrar y quedarme a probar pero al final decidí por irme a la casa no sin antes pedir para llevar una orden en uno de esos lugares que tenían un servicio algo parecido a un buffet.



Y tenían toda la razón las chicas. Esa comida es realmente deliciosa. No es tan agradable a la vista y cualquiera puede disuadirse fácilmente de comerla con esos nombres rarísimos que tienen pero la pura verdad es que esos sabores distintos donde se puede apreciar el curry, el gengíbre y la base sobre la que esos ingredientes se vierten, ya sean en vegetales (berengena) o carne (de pollo), le hacen la boca agua hasta el más exigente de los mortales.