Wednesday, May 11, 2011

Despistes

El otro día perdí las llaves de la casa y del vehículo. No vayan a creer que primero perdí unas y luego perdí la otra. Estaban todas juntas en el mismo llavero. Tampoco crean que la pérdida creó un problema mayor. Llevo o mejor dicho llevaba siempre una copia de la llave del carro en la cartera y tenía unas copias de las llaves de la casa dentro del carro. El verdadero propósito de sacarle réplicas a esas llaves era para cuando se presentaran situaciones de ese tipo, ¿no?

La llave del carro a cada rato se me queda dentro (eso me recuerda que debo sacar otra copia muy pronto) pero era la primera vez que las perdía de manera definitiva sin saber dónde las había dejado.

Inicialmente me preocupé bastante y traté de visitar todas las tiendas a las que había entrado antes para ver si por casualidad las había dejado en una de ellas y en el caso de que así hubiera ocurrido que alguien las hubiese visto y guardado por si aparecía luego el dueño, o sea, yo.

En la cuarta y última tienda que visité antes de rendirme le pregunté por ellas a un dependiente de origen árabe. Su país de origen es el Túnez y desde hacía rato no paraba de escuchar la emisión en Francés de Radio Francia Internacional (conozco el sonido de RFI a leguas) y estaba muy pegado a su receptor de onda corta el cual curiosamente era parte integral de su pequeño teléfono celular.

El árabe con una sonrisa a medias que le dibujaba la cara me respondió que no, que no las había visto y con cierta ironía en la expresión agregó que yo siempre andaba extraviando cosas. Talvez le desagradaba un poco el que yo lo estuviera interrumpiendo. Ciertamente, dos o tres semanas atrás al ir a comprar un sándwich en una tienda de Subway yo había olvidado en el mostrador la carpeta con la que usualmente ando.

En una ocasión lo que olvidé fue el aparato de la compañía donde se guardan y registran los nombres y las órdenes que hacen los clientes y ese sí que cuesta bastante caro sin hablar de todos los inconvenientes que me podría traer (hace menos de dos años ya perdí un teléfono de la compañía). Me vine a enterar como media hora después y cuando ya me había movido de la zona donde me encontraba antes. Por suerte un cliente me lo tenía guardado pero tuve que hacer el recorrido de nuevo, esta vez a la inversa, pues no sabía dónde exactamente se me había quedado.

Luego del señalamiento del árabe me quedé pensando y sin darme cuenta le di la mejor respuesta que se me pudo ocurrir para explicar el porqué extraviaba cosas. Es que yo pienso mucho y mi mente vuela, se distrae y se va lejos hacia un nivel de abstracción muy alto, fue lo que dije.

Hasta yo quedé satisfecho con esa respuesta y al salir de la tienda dejé de preocuparme, no sentí más la necesidad de seguir buscando las dichosas llaves pues si la razón por la que olvidaba cosas era debido a que perdía la noción del tiempo, del espacio y de lo que estaba haciendo por estar ensimismado en un mundo de ideas y abstracciones pues bien valía la pena correr el riesgo de perder una que otra llave de vez en cuando.

3 comments:

La desquiciada ente paciente de Mr. Obvious said...

Pues si de despistes se trata, creo que mis dolores de cabeza vienen del exceso de actividad mental ¿eh? Jajajajaja Me gusta tu teoría, sí, señor!! Yo pensé que había perdido la tarjeta del bus, pero ayer la encontré debajo de un libro.

Daniel said...

En un universo paralelo podrian ir a parar todas las cosas que pierdes. A veces regresan y te permiten reencontrarlas. No has notado ciertas diferencias en ellas?

Haz el ejercicio de perderte tu mismo y las hallaras todas, pero no se como podrias regresar.

Fernando said...

En un universo paralelo todo es posible.
Talvez hasta nos encontremos con Pichiplayas que le gusta especular y fantasear con la existencia de esos mundos y también podríamos encontrarnos con el comentario previo que ella había dejado antes que 'Blogger' lo desapareciera y desapareciera muchos otros dejados en otros blogs.

Lo de perderme me asusta. Todos tenemos como un centro sobre el cual giramos y volvemos en cierto modo en forma de espiral. Cuando nos alejamos demasiado de él (el nuestro, y no necesariamente tiene que coincider con el de terceros) la sensación de pérdida que se siente es casi insufrible, casi inaguantable.