Saturday, June 18, 2011

Tras la búsqueda de las emociones perdidas

El miércoles pasado mientras hacía el recorrido habitual de ese día no encontré muchas cosas que llamaran mi atención. Nada estaba ocurriendo ni bueno ni malo como para distraerme de la rutina habitual y reflexionando sobre ello me llegaron a la mente algunas ideas.

Si de manera natural la vida no nos ofrece cosas que le den sabor y color a nuestra realidad, entonces tenemos que hacer algo, un esfuerzo, lo que sea por ir tras esas cosas que le dan emoción y sentido a nuestro existir.

Por eso fue que sin pensarlo dos veces decidí comprar un ticket para ir a ver el Domingo anterior el avance de una ópera que va a estrenar la filarmónica de NY en los próximos días: The cunning little vixen de Leos Janácek. Eso fue en The Jerome L Greene Space, una especie de estudio que tiene la estación de música clásica WQXR en Soho.


Bueno, la reflexión la hice después de haber visto "el preview" (es tan fácil arreglar el pasado, ¿ven?, no lo es tanto si intentamos proyectarnos hacia el futuro), pero mirando en retrospectiva el razonamiento es perfectamente válido y aplicable a la idea de que uno tiene que ser pro-activo y no esperar que las cosas nos lleguen de manera fortuita sino que hay que ir a buscarlas (las que se suponen buenas). Y es primordial tratar de maximizar nuestras experiencias sensoriales, cambiarlas en la medida de lo posible de negativas a positivas, que para eso estamos en el mundo, o si no que me lo vuelvan a explicar pues no concibo el sufrimiento como parte de la ecuación.

Pues lo especial, interesante y agradable de asistir a eventos de esa naturaleza que se desarrollan en un espacio bastante pequeño es que se tiene un contacto de primera mano, casi íntimo con los productores y actores que participan en la obra. Lo que dicen puede y de hecho influye en una mejor apreciación del contenido y significado de la misma. Por ejemplo, no es una obra de niños como a simple vista puede parecer (por los personajes) ...el autor intenta reflejar el adulto que existe en todo niño y el niño que está presente en todo adulto.

Y lo que más me gustó fue escuchar y conocer de cerca a Alan Gilbert el director de la filarmónica, una persona que inspira confianza y parece ser uno de nosotros, sin afectaciones de ningún tipo...y no quiero dejar de lado las interpretaciones que por suerte WQXR las acaba de subir y puedo compartir esta que se la voy a dedicar a Grace. Y espero que todos me hagan caso y aprovechen este fin de semana para ir en la búsqueda de eso que haga un "click" dentro de nosotros...¿De acuerdo? Intentaré, por mi parte, hacer lo propio.. Ya les contaré...

3 comments:

Yagori said...

Gran filosofía! Cuando estoy realmente ocupado no me doy cuenta de lo que me pierdo por culpa de la rutina. Bien por ti si te lo pasaste bien en aquella función!

Fernando said...

Si debido a la rutina o el estar ocupado no te das cuenta pues entonces creo que no te pierdes de nada y es una suerte que así sea porque de ese modo no hay sufrimiento. La consciencia de nuestras propias emociones y hacia donde debemos dirigirlas es lo que nos provoca incomodidad y malestar.
Es como la paradoja o los dilemas de los compradores: nunca están satisfechos con lo que compran y mientras más opciones de cosas para comprar más inseguros con las opciones que cogen..

Anonymous said...

Cuánto has expresado en pocas palabras... la vida justamente cobra sentido en la medida en que somos capaces de buscar insitentemente pequeños momentos de alegría, de satisfacción, que nos generen emociones agradables. Esto implica conocerme de tal forma que identifico cuáles son esas experiencias que me hacen saltar de emoción y que muchas veces, o la mayoria de las veces, la vida no nos la proporciona en el momento y lugar en que las requerimos.
Si dejamos que la vida nos lleve a nosotros... probablemente la monotonía, la rutina, acabaría con nuestro animo, con nuestra salud física y emocional. Cada día deberíamos salir en búsqueda de las emociones perdidas... ya lo creo. Y si no recordemos cuando nos hemos sentado tú y yo bajo un árbol de noche, con la brisa fresca y fuerte y con algunas bebidas agradables a conversar sobre todo, sobre nuestra historia y nuestro presente. Así como lo haríamos en tu café, sin percatarnos de las horas o minutos, probablemente hasta el amanecer...
En esta búsqueda hemos de respetar los gustos de cada persona, que quede claro. Un beso.