Saturday, February 16, 2013

Sin saberlo nos controlan

Hace más de un mes dejé de utilizar el buscador de Google. Ahora utilizo Bing pero no estoy tan seguro de que este último no esté ejecutando el mismo tipo de acciones que me hicieron salir corriendo de las garras del primero.

¿A que tipo de acciones me refiero? Nada más y nada menos que al recuento y registro que hace Google (y no sólo Google sino también los demás buscadores -incluyendo a Facebook) de todos los lugares y sitios de Internet que yo visito y como quien no quiere la cosa, arreglárselas para presentarme en las páginas posteriores, duplicados de las cosas y/o los artículos a los que le había prestado interés en las páginas previas.

Si por alguna razón has 'clickeado' o le has puesto atención a una camisa específica de Jos A Bank o te has interesado en un artículo de Vitacost, esas mismas cosas te las presentan sin ningún tipo de sutileza, anunciadas en las márgenes de las nuevas páginas que visites desde ese momento en adelante.

A menos que te des cuenta y pongas algún tipo de correctivo.

Así de repente, un buen día fue como para volverme loco tratando de averiguar cómo lo hacían y a partir de qué momento comenzaron a hacerlo. Tuve que andar mucho en los controles del navegador Chrome para desactivar algunas cosas que de manera consciente nunca activé, cosas que probablemente pusieron ahí en una de esas actualizaciones que con bastante frecuencia ellos hacen.

Porque eso hacen los todopoderosos motores de búsqueda con Google a la cabeza. Ellos te estudian basados en las clases de preguntas que haces, las cosas que buscas, los lugares que frecuentas, los objetos a las que les prestas atención por el número de clicks que le das y así se hacen dueños de tu mente pues con cada tecla que pulsas te das más a conocer y ya casi adivinan lo que quieres.

Todo esto genera mucha suspicacia y con razón. Un artículo recientemente titulado "The Searchers" (Los buscadores), toca de manera profunda el tema y llama especialmente la atención de que Google (y los demás motores de búsqueda) ya no hacen una investigación 'hacia afuera' tratando de satisfacer las necesidades de quién busca o investiga sino que la hacen 'hacia adentro' intentando presentar una respuesta a la medida, basada en lo que saben de antemano del individuo. A partir del conocimiento previo que ya poseen de las personas, extraído de las inferencias que pueden hacer por sus conductas anteriores, intentan suplirle lo que consideran la persona necesita o anda buscando.

La realidad es que la verdadera búsqueda, la verdadera exploración es encontrarse con lo que no se está esperando, lo nuevo, lo desconocido... No avanzamos cuando se nos sirve el mismo platillo, visitamos los mismos sitios, recorremos territorios ya explorados o repetimos las mismas experiencias.

Y parece que la tendencia creciente es hacia este tipo de manipulación en todos los niveles. Existen compañías que al igual que Google analizan la inmensa cantidad de información digital que a diario producimos, estudian nuestros hábitos de navegación, investigan todos los rastros que vamos dejando y a través de espiarnos con las "galletitas" esas (cookies) pretenden servirse de ello para los fines que mejor les parezca, ya sea, para cosas inofensivas como tratar de vendernos algún producto pero también para influenciarnos políticamente o darnos a la carta la serie o película que supuestamente nos interesa ver.

"House of Cards", la nueva serie que acaba de producir y sacar al aire Netflix es el resultado directo de ese tipo de conocimientos que las empresas pueden extraer y generar a partir de la información que sin saberlo, nosotros les proporcionamos. Esta compañía ha creado una serie 'original' a la carta, creada en base a toda la información que han logrado acumular de qué es lo que le gusta a la gente.

Lo mismo puede esperarse de los gobiernos. Teniendo a su disposición todos los datos de las cosas que le interesan o no a la gente es difícil que se resistan y no traten de sacarle provecho, que no los usen con el propósito de controlar a sus ciudadanos y si fuera necesario privarlos de su libertad cuando los mismos presenten algún tipo de riesgo o peligro al status quo.

La ironía es que cuando supuestamente la tecnología debería salvarnos y darnos más libertad, parece que nos lleva por el camino contrario y en vez de liberarnos, nos aprisiona, nos pone más a merced de todos los que tienen el poder de controlarla para hacer con ello lo que les venga en gana.

2 comments:

Daniel said...

Hasta que punto somos "libres"?. Esa es la cuestión. Creemos pensar de acuerdo a nuestras convicciones pero éstas son inducidas.

Tener voz propia requiere un esfuerzo mucho mayor de lo que creemos. Y uno se piensa que lo sabe todo. Somos presos de confianza.

Esa es mi crítica de la democracia, el "gobierno de las mayorías", que creen que saben, que toman opciones válidas pero que no saben que han sido manipuladas para creerlo así.

Fernando said...

Bueno, la libertad absoluta no existe. Es un problema filosófico. De hecho tenemos las limitaciones que nos ofrecen las leyes físicas y naturales.

Pero existe un problema moral en todo esto y una cosa es que tu aprendas a moverte de acuerdo a esas limitaciones que tenemos y otra muy distinta el que exista alguien, una entidad, manipulando los hilos, no para mi beneficio sino para sacar provecho particular de ello.

Veo un paralelismo en la idea de la libertad con aquella de la creatividad. Todo se entremezcla. Puedes decir cosas sin acordarte de donde las sacaste y no estás plagiando a nadie.

Creo que hasta tanto no haya un propósito deliberado de influir en la una o en la otra, tales cosas, la creatividad y la libertad existen.