Wednesday, February 1, 2012

Las oportunidades perdidas

Como lo había anunciado antes aquí, deben saber que hace más o menos dos semanas que abandoné el trabajo en la compañía para la que estuve empleado por varios años. Y precisamente hoy me llamó quién me sustituyó allí para preguntarme algo y de paso me imagino, tendría curiosidad  por enterarse de mi situación laboral actual después de esas dos semanas. De antemano y más por motivo de cortesía para con mis clientes, yo lo había autorizado a que me llamara en caso de necesidad.

Hablamos bastante y caímos en todos aquellos que habían preguntado por mí... Más o menos tenía una idea de a quién o a quiénes les habría hecho falta. De alguna manera uno intuye y sabe la gente con la cual hemos conectado y establecido un vínculo aunque esa conexión no se haya hecho explícita o se haya expresado de manera formal.

Pero hubo una persona dentro del grupo que me mencionó a la que no esperé nunca que me hubiera extrañado. Y mucho menos que se hubiera atrevido a preguntar con insistencia que si no volvería más y responder que no tenía mi número de teléfono, que no se lo había dado, cuando mi amigo así le preguntó. La sorpresa es tal que he decidido que vale la pena reseñarlo porque cosas como esa no deberían pasarse por alto sin que uno fuera capaz de reconocerlo.

Porque esa señora -porque es una señora-, nunca me dio la más mínima señal de que podía estar interesada. Más bien parecía lo contrario. Sentía que me trataba con cierto desdén. ¿Sería quizás una manera de proteger alguna debilidad?

Debido a su actitud un tanto defensiva yo hacía lo mismo, la trataba con cierta distancia para no alborotarla, haciendo un esfuerzo para no darle ninguna justificación a sus señales aprensivas. Y lo que me duele ahora es que la malvada está buenísima. Tiene un rostro muy agradable con señales inconfundibles de que está en la parte intermedia o final de sus treinta pero lo que destaca, lo que es por mucho su fuerte, es su cuerpo. Tiene un figura voluptuosa, impecable, marcada por curvas (muy peligrosas) y un vientre llano y liso como el de una serpiente.

Aunque ha sido bueno para mí el enterarme, no dejo de hacerme la pregunta: ¿no hubiera sido mejor el que ella me hubiera dado algún ligero indicio, alguna pequeña pero inconfundible señal en un idioma que hubiera podido entender (no en el suyo, obviamente)? Si lo hubiese hecho así, quién sabe, las cosas hubieran podido ser de manera totalmente diferente.

Aunque me alegra mucho saber que he sido echado de menos por ella, no puedo menos que extrapolar, no dejo de sentir ese mal sabor, un sabor amargo por esta y las tantas otras veces que sin saberlo se han presentado maravillosas oportunidades y por no darme cuenta las he perdido, se han perdido, las he desperdiciado miserablemente.

4 comments:

La Flor said...

Un beso enormesisisisisisimo!

Fernando said...

Este sí que es un mensaje que no deja lugar a ninguna duda. Otro beso grandísimo para ti mi querida flor! :D

Daniel said...

Nos lamentamos por las oportunidades perdidas y siempre las contamos, pero no hacemos igual con las oportunidades aprovechadas. Las cosas que te llegan sin que las esperes y que se dan.

A ver, a ver. Saca balance.

Veo en tu Post que hablas como de algo perdido, pero creo que volverás por allí. De ser así, espero la 2da. parte.

Fernando said...

Es un fenómeno muy conocido por psicólogos y economistas que a los seres humanos les duele más perder algo que el placer que le producíria ganar lo mismo. Es el fenómeno conocido en inglés como Risk Aversion del que coincidencialmente habla Penelope Trunk en una entrada reciente. Con eso lo digo todo.

En cuanto a volver ya no es lo mismo. Las cosas se dan un día, un momento, bajo una circunstancia. A veces es muy difícil poder duplicar eso aunque se quisiera.