Thursday, April 30, 2020

Lecciones de la Pandemia

En estos días no se puede hablar de otra cosa que no sea de la epidemia de Coronavirus y todas las repercusiones que conllevan las medidas que tanto uno como individuo o como país y/o sociedad en general debemos llevar a cabo con el fin de controlarla.

Todos somos afectados sin excepción aunque vale decir que algunos lo son más que otros. Ese podría ser un argumento para otra discusión pero por el momento quiero concentrarme en lo que he ido aprendiendo hasta hoy mientras se desarrolla y se hace realidad el dicho de que la vida te da sorpresas... y sorpresas te da la vida (así dice la canción).

Porque de todo se aprende y lo más importante es sacar una que otra lección de esta experiencia para la cual creo poca gente estaba preparada.

Para mí lo más importante es tratar de informarse al máximo de lo que está pasando y de esa manera poder tomar las medidas de precaución iniciales que permitan el que uno no sea de los primeros en agarrar el virus.

La importancia de esto radica en la novedad de la enfermedad que provoca el Covid-19 y por ende el que nadie sepa nada cómo tratarlo o erradicarlo ni tampoco los daños y consecuencias que provoca dentro del organismo. Sin embargo, a medida que van pasando los días van surgiendo a la luz detalles específicos de lo que ocurre y asimismo las estrategias que dan los mejores resultados.

Encontrar una solución o un tratamiento adecuado lleva tiempo. Es todo un proceso de ensayo y error y en la medida en la que uno pueda demorar la oportunidad de contraer el virus, es más alta la probabilidad de salir airoso de ese encuentro.

Otra cosa importante es que hay que ser alarmista sin con ello dejar de ser realista. Las actitudes estas de puro y simple optimismo y de que todo va a salir bien, etc., etc., sin en realidad hacer algo para que todo salga bien, son contraproducentes, podrían matarte, no funcionan y en general hacen más daño que bien.

Una cosa más que me llama a la atención es lo difícil que es hacer el trabajo de prevenir. O mejor dicho, tratar de vender la prevención sobre la base de un suceso que aún no ha ocurrido viene a resultar en una mercancía muy difícil de comprar. Es más fácil reparar, poner candado después que te roban o pagar el seguro después que ha ocurrido una pérdida.

Por todas estas razones es que he llegado a la conclusión de que en caso de pandemias como la que vivimos en estos días vale la pena ser un alarmista porque de lo contrario quizás estaríamos muertos.

Tuesday, March 31, 2020

La vida en los tiempos de una pandemia

De la noche a la mañana nuestras vidas han cambiado de manera radical. La realidad que vivimos ha dado un giro de 180 grados y todo está muy revuelto y alterado sin saber hasta cuando. Es un nuevo estado de cosas cuyo denominador común es el virus bautizado como Covid-19.

De repente ya no podemos dar apretones de manos, abrazos y mucho menos besos como formas de saludo. Es aconsejable no acercarse a nadie a una distancia menor de 6 pies. Se evita por todos los medios las congregaciones y cada quien mira con sospecha a cualquiera que esté estornudando o tosiendo.

Así es la vida cuando se está en medio de una epidemia. El que ha tenido la suerte de no haber sido despedido de su trabajo, ahora trabaja desde la casa y ello significa adaptarse, acostumbrarse a las limitaciones que ello conlleva, niños (donde los hay), vida familiar, espacios limitados.

Es una nueva realidad, un nuevo orden de cosas. Se recomienda el no salir de las casas y en algunos lugares se ha impuesto el toque de queda: no se puede salir a partir de determinadas horas. Y la verdad es que toda persona responsable de sí misma y de las personas allegadas, reconoce que es por su propio bien y el de los demás.

De todas maneras, no tiene sentido el salir. ¿Hacia dónde? Todo está cerrado. No puedes divertirte, entretenerte. No hay teatro, cine, restaurantes, ni actividades deportivas de ningún tipo. La vida como hemos estado acostumbrados a vivirla ha quedado suspendida y relegada (literalmente) al pasado.

Yo tenía planeado, por ejemplo, ir a la ciudad de Chicago el 24 de este mes. Era una estadía de menos de 5 días, de Martes a Sábado. El propósito era conocer la ciudad, la cual nunca he visitado. Sin embargo, no fui a ninguna parte. No tenía sentido visitar una ciudad fantasma. Perdí el dinero de mi boleto de avión porque no había reembolso. Pero fue la mejor decisión.

Y no es para menos. El peligro es real y uno no sabe como va responder el cuerpo ante la eventualidad de uno agarrar el dichoso virus. Da pena y horror a la vez, las vicisitudes que atraviesan los trabajadores de la salud, léase médicos, enfermeras, paramédicos, etc.

Pero no sólo ellos sino también los trabajadores de tiendas y supermercados, cajeros, gente que hace entregas a domicilio. Como anteayer en el supermercado donde le tocó atenderme una cajera que de seguro no llegaba a los 18, sin máscara y estaba condenada a pasarse el día entero atendiendo a clientes. Salí de allí todo aconcojado y deprimido.

Contrario a mucha gente yo no puedo evadir la realidad mirando series en Netflix o Amazon o Hulu y otras plataformas. No puedo concentrarme. Veo películas y series cuando no tengo problemas o no hay dificultades. Traté también de escaparme bebiendo alcohol, de preferencia cerveza, porque me gustan mucho. Pero tengo otras opciones: brandy, tequila y bourbon.

Al cabo de unos pocos días me di cuenta que ello era ser muy irresponsable. La resaca del otro día me iba a impedir identificar de manera temprana los síntomas del Covi-19 si por casualidad resultaba infectado. Además, si alguien necesitaba de mi ayuda no hubiera podido ofrecérsela.

Para no abundar más, porque todo el mundo tiene una versión más o menos parecida de lo que estoy viviendo, todo puede resumirse diciendo que: ¡La vida en los tiempos de una pandemia es una mierda!

Saturday, February 29, 2020

Viaje a Orlando

Creo que por varias razones ya se está definiendo la dirección de mis futuros viajes. La probabilidad más alta es que me quede viajando a lo interno de los Estados Unidos. Una de los motivos principales ahora mismo es el Corona Virus, una epidemia que se ha desatado en China pero que amenaza con extenderse al mundo entero. Me da pavor pensar que viajo a Europa y de regreso se me niegue la entrada o tenga que ser puesto en cuarentena porque el país o los países visitados hayan sido afectados por esta plaga.

También me preocupa el ambiente y me parece más apropiado debido a la menor emisión de CO2 el hacer viajes cortos de unas pocas horas en avión en contraste con los viajes largos de muchas horas a Europa o quizás Asia que me atrae enormemente también y ambos destinos han estado dentro de mis planes futuros.

En fin, para no abundar más, recibí de paso unas ofertas tentadoras para viajar a diferentes ciudades dentro de los Estados Unidos. Imagínense pagar menos de 75 dólares por un pasaje de ida y vuelta a Orlando y además contando allí con un lugar donde quedarme fue algo que me pareció irresistible el dejar pasar por alto.

Aproveché también la oportunidad de comprar otro pasaje de ida y vuelta hacia la ciudad de Chicago, un sitio que desde hace unos años estoy muy interesado en visitar. Este último viaje me va a salir en total por algo más de 100 dólares. La reservación quedó hecha para finales de Marzo. Espero que para ese entonces se haya aclarado un poco más la situación con el Corona Virus.

Estoy a la espera también de algunas ofertas hacia otras ciudades. Me interesa sobremanera ir a Las Vegas, New Mexico, Colorado, Winsconsin y alguien en el avión me entusiasmó en que visitara Savannah, Georgia.

El viaje hacia Orlando comenzó sin muchas expectativas. Las cosas por las que Orlando es más conocida a nivel general, a mí particularmente no me llaman mucho a la atención. Disney o Sea World (delfines amaestrados) no son santos de mi devoción. Talvez cambie de opinión si algún día me decido a visitarlos.

No obstante, una vez allá mi impresión cambió bastante para quedar maravillado por la organización, la seguridad y la tranquilidad de las comunidades internas; la amplitud, el orden y la señalización de las autopistas que comunican sin dificultad los diferentes sectores. Me pareció también que el precio de las cosas es más barato que en NY.



Hice un pequeño recorrido por Downtown Orlando y lo que vi me dejó con las ganas de volver con más tiempo para explorar la arquitectura, los bares y darle una vuelta completa al lago Eola que en su centro tiene una fuente lindísima.



Finalmente, ya en mi última noche me llevaron a conocer los alrededores del Convention Center, un lugar de imponente arquitectura e inmensamente grande (aunque no entramos: sólo le pasamos por el frente) rodeado de hoteles de lujo y que aparentemente es uno de los lugares preferidos en todo Estados Unidos para realizar convenciones importantes.

En los susodichos alrededores encontramos una colorida rueda, una casa/edificio construida al revés, un campo de minigolf bellísimo con un tema de islas, puentes y barcos piratas. Restaurantes y otros sitios de entretenimiento completan el panorama.






En general y dejando de lado la pequeña visita a Downtown Orlando y los alrededores del Convention Center, debo decir que lo que más se disfruta es el contraste del mundo del que vengo y una sensación indescriptible de sentirse en contacto con la naturaleza salvaje y al mismo tiempo gozar de todos los beneficios que la modernidad y la tecnología ofrecen.

Friday, January 31, 2020

Organizar la realidad inmediata

¿De qué trata el tema de hoy? Pues nada más y nada menos de lo difícil que es conectarse con la realidad cuando se vive en un mundo enteramente dependiente de los teléfonos inteligentes. No quiere decir que los teléfonos inteligentes y el mundo digital que viene con ellos no formen parte de la realidad, pero es otra muy distinta que tiende a aislarnos completamente de las cosas que ocurren a nuestro alrededor.

Tengo una hermana y una sobrina que cuando llegan a la casa y cuando salen de ella siempre están pegadas al teléfono, sin excepción. Llegan a la mía y prácticamente no se puede hablar con ninguna de ellas porque o llegan hablando ya por el teléfono o si no, sólo tardan unos pocos minutos para que vuelvan a conectarse de nuevo producto de una llamada o mensajes de texto.

Lo peor de todo esto no es el abismo o la interrupción que se crea sino la priorización que se le da a la comunicación telefónica o digital por encima de la personal y como bien puede entenderse, es difícil sostener un diálogo o intercambio significativo bajo esas circunstancias. Obviamente hay situaciones que pueden entenderse como cuando es una emergencia o algo que no puede esperar. De lo contrario no hay excusas. Todo, hasta el cielo puede esperar como en la famosa película de Warren Beatty.

Sin embargo, no es ahí donde el estar conectado todo el tiempo produce los mayores estragos. Por experiencia propia puedo constatar que son las tareas rutinarias que hacen nuestra vida vivible, las que más sufren. Me refiero a las tareas cotidianas, el lavar, cocinar, limpiar, cuidado personal, etc, todo queda relegado a un segundo plano cuando se está conectado 24/7 a una pantalla o a un teléfono inteligente.

Por eso este año, además de las otras cosas que me propongo hacer, también está consagrado para mí a dedicarme a cuidar los espacios en los que habito para deshacerme de todo aquello que sobra y ocupa espacio innecesario. A la conclusión a la que he llegado es que no puedo hacer nada de esto si no le dedico tiempo a ello y ese tiempo parece que lo he estado malgastando en las pantallas del celular, el Ipad y la computadora, además de Netflix, Amazon y otros proveedores de contenido digital.

A robarle tiempo a la pantalla pues y dedicarlo a organizar los espacios en los que vivo con menos cosas y más orden que en definitiva se traduce en más eficiencia y claridad en las cosas que me proponga hacer.

¡He dicho!

Tuesday, December 31, 2019

Mis metas para el 2020: el cambio climático

Se acerca el 2020, el comienzo de una nueva década y ello supone plantearse nuevas metas y objetivos que cumplir para los años venideros. Cualquier día del año es bueno para hacer cosas, revisar proyectos, hacer cambios, mas en mi caso el comienzo de año crea condiciones estratégicas especiales para proponerse nuevas actividades, empresas o aventuras.

Una de esas condiciones especiales es la disponibilidad de más tiempo y otra no menos importante, es la de contar con más dinero al inicio del año y debo decidir cómo hacer el mejor uso de los recursos mencionados.

En los últimos 5 años estos recursos (tiempo y dinero) han sido invertidos sin mucho criterio, atendiendo más que nada a planear y efectuar viajes de placer por el mundo y a satisfacer otras necesidades inmediatas.

En esta ocasión siento que las cosas son diferentes, el mundo es diferente y en consecuencia mi respuesta tiene que ser diferente a los retos que como individuo y sociedad debemos darle a los grandes problemas con los que nos enfrentamos tanto en el presente como en el futuro.

El año del 2019 ha sido crucial para tomar más conciencia sobre el cambio climático y la perspectiva de la agudización de los problemas generados por el mismo hacen que no podamos estar de brazos cruzados siendo sólo puros espectadores de las consecuencias nefastas que desde hace ya cierto tiempo se dejan sentir.

El futuro no es halagüeño y ello hace que nos sintamos muy comprometidos a hacer algo, lo que sea, para crear más conciencia en el mundo. La solución no es individual, es de todos y en la medida en la que más personas nos involucremos más pronto podremos encontrar maneras de contrarrestar y/o mitigar los efectos catastróficos de los cambios del clima.

En vista de todo lo anterior quiero darle otro sentido a mis futuros viajes. Quiero desde el 2020 combinar mis aventuras por el mundo con un activismo que tome en cuenta el medio ambiente, la ecología, el cambio climático. No sé exactamente cómo lo voy a hacer pero se me ocurre asistir a conferencias, ser portavoz de las noticias relacionadas con el tema y/o apoyar de manera más decidida (económicamente) a las personas que están al frente de esta lucha por la supervivencia de la vida en el planeta.

No queda de otra. No hay otro planeta al que podamos ir. La ignorancia es el enemigo principal que tenemos que vencer junto a la propaganda que niega la existencia de lo que está ocurriendo y que sirve a los propósitos de los verdaderos causantes de estos problemas. Sabemos quiénes son y hay que enfrentarlos, denunciar su orquestada campaña de desinformación.

Hay que hacer algo, hay que actuar y yo pretendo desde este nuevo año aportar más de lo que he estado aportando hasta ahora para enfrentar las consecuencias negativas del calentamiento global.

Eso espero. Esas serán mis metas más importantes para el 2020.

Saturday, November 30, 2019

¿Somos víctimas de nuestro propio éxito?

Es paradójico el título de esta entrega pero así es la realidad, paradójica y también contradictoria. La idea me intriga y lo he expresado otras veces por aquí. Luchamos por alcanzar objetivos y lograr metas, no obstante es mucho más fácil mantener la cordura y la ecuanimidad antes de la consecución de una meta que después de alcanzarla y sobrepasarla. Parecería que luego de cumplir los objetivos propuestos nos deberíamos mantener por siempre en un estado de éxito total. Pero en cambio lo que parece ocurrir es que nos adentramos en un territorio desconocido lleno de confusión y desconcierto y la falta inmediata de nuevos retos que reemplacen los anteriores provocarían en nosotros un mar de caos y conductas erráticas. Por eso el encabezado, porque aunque suene raro, muy a menudo podemos ser víctimas de nuestro propio éxito.
La idea no es tan loca como parece. Tiene mucho sentido cuando se la analiza de cerca. El ser humano tiende a reaccionar a los desafíos que le presenta la existencia dando respuestas o creando estrategias encaminadas a enfrentar o solucionar los problemas y las dificultades que encuentra a su paso. Consciente o inconscientemente estas estrategias nos permiten sobrevivir. Mientras más claro podemos ver las fuerzas que nos subyugan más fácil es crear un plan de acción que nos libere de nuestras ataduras.
Si tenemos éxito en nuestra empresa de liberación, y aquí vienen las interrogantes: ¿qué nos queda?, ¿Hacia dónde vamos, desde ese momento en adelante? ¿A dónde nos dirigimos una vez dejada atrás la razón de nuestra lucha? El haber cumplido con nuestras metas y objetivos y no encontrar un reemplazo de manera rápida nos puede dejar un poco insatisfechos y vacíos. Son esas ausencias y vacíos que al intentar llenarlos de una forma o de la otra, los que provocan nuestras caídas.
Si no tenemos claro porqué hacemos lo que hacemos día a día, perdemos la perspectiva de las cosas. Nuestros esfuerzos y nuestras luchas carecen de sentido y no hay incentivos suficientes para mantenernos entretenidos en lo que hacemos.
Quizás por eso es que nos movemos en ciclos. O en forma zigzagueante. Y experimentamos altibajos. Subimos y bajamos; caemos y nos levantamos como si todo fuera parte de un entramado donde la vida nos coloca en distintos lugares y diferentes posiciones y es un proceso continuo de adaptación y re-adaptación dónde nada es definitivo, así como en las estaciones del año cuando de repente te das cuenta que ha terminado una y ya estás bien entrado en la siguiente.

Thursday, October 31, 2019

Adiós a Facebook

Renuncié de Facebook. ¡Me salí! Bueno, no del todo..., casi.
No he cancelado la cuenta...todavía no, pero lo estoy pensando.
Tampoco he dejado de entrar aunque ya no con la misma frecuencia de antes. Lo hago quizás una o dos veces por día, sin embargo he dejado de postear desde hace más de tres meses.
Siento como una especie de liberación luego de haber tomado esta decisión.
Para mí en los últimos años FB se ha convertido más en una carga que un entretenimiento.
Cada vez me resultaba más difícil manejar las asimetrías, los falsos amigos, la obligación de darle "like" o "me gusta" a entregas por deber u familiaridad en vez de por identificación o belleza.
No puedo mantener la hipocresía por mucho tiempo y ese es el juego que se juega en muchas de estas publicaciones de las redes sociales. El aspecto relacional de los intercambios te hace darle "like" a entregas que en realidad no te gustan o no te interesan. Se siente uno como rata de laboratorio o paloma de Skinner dándole a una palanca para recibir una recompensa o mantener una relación...
Y Facebook hace de todo para mantenerte engatusado, cautivo y siempre viniendo por más. El objetivo es tratar de mantenerte interesado creando cosas, inventando algoritmos, manipulando tu ego o haciendo que todos lo realcemos con el objetivo de venderte al mejor postor.
Facebook pasó de ser un medio para convertirse en un fin. No es un instrumento para conectar personas o desarrollar ideas. El fin es volverte adicto explotando tus vulnerabilidades y debilidades y de esa manera aprisionarte o encarcelarte psicológicamente  para luego bombardearte con los anuncios y la propaganda de todo tipo proveniente de cualquiera que esté dispuesto a pagar por ella. No hay una discriminación real para su aceptación y como ha quedado evidenciado, los usuarios de Facebook no tenemos mecanismos para rechazarla. La propaganda es una parte esencial de la red social y no hay muchos miramientos de las consecuencias y los efectos que la misma puede causar.
Lo lamentable de todo esto es que en vez de unir y sacar la mejor parte de nosotros, en realidad, FB divide y saca nuestra peor parte. Descubrimos con horror que el odio, el racismo y la intolerancia son motivos que aglutinan a la gente y la incentivan a escoger bandos y Facebook es un vehículo ideal para promover estas adherencias.
Con cada me gusta, cada like que damos, cada grupo que nos unimos o identificamos y con cada entrega que compartimos vamos creando un perfil psicológico de nosotros que a la larga sin la existencia de una barrera moral que impida el abuso, se convierte en un arma de doble filo que puede y será usada para manipularnos en cualquier dirección por todo aquel que esté dispuesto a pagar por el acceso a nuestra información.
Y hay más pero lo dejamos hasta aquí por hoy...

Sunday, September 29, 2019

Aceptación a la reversa

He estado reflexionando los últimos días en el énfasis que le damos a aceptar a los demás, el otro o la otra, tal y como son, con sus diferencias y peculiaridades, con sus aciertos y sus fallas sin discriminarlos (negativamente) por el origen, educación, raza, sexo, orientación sexual, clase social y muchos criterios más.

Alcanzar este objetivo sería un gran logro social que nos permitiría vivir en paz los unos con los otros porque si todos hacemos lo mismo (no discriminar) la convivencia en sociedad sería casi perfecta pues por simetría el otro del otro o de los otros soy yo o nosotros mismos y por "las leyes" de reciprocidad debería esperar y recibir el mismo tratamiento que doy o damos.

Lamentablemente la realidad no es así y generalmente hacemos mucho esfuerzo por plegarnos a los demás aceptándolos y acomodándonos a sus idiosincrasias y formas de ser que no siempre son compatibles con las nuestras. 

No es que de pronto nos hemos convertido en egoístas y quisiéramos que todo fuera a la inversa y que todo el mundo comenzara a girar a nuestro alrededor. No, no es eso. El hecho es que tratando de enfocarnos demasiado en las características que hacen distintas a los demás con el propósito de satisfacer las necesidades ajenas, podemos perder la perspectiva de que no siempre es el otro o los otros los que son diferentes, sino uno mismo; nosotros mismos somos los que no encajamos, los que nos salimos del molde, no con el objetivo de que nos complazcan sino para nuestro propio reconocimiento del porqué no necesariamente tenemos que ir siempre al encuentro de cumplir los deseos de terceros a costa de sacrificar los nuestros.

Todo parece indicar que es mucho más fácil para las personas, el atribuirle a los demás cualidades buenas o malas. Sin mucha dificultad somos capaces de endilgarle todo tipo de etiquetas a terceros, pero no somos tan hábiles o tenemos emplazados mecanismos de defensa para evitar reconocer cualidades en nosotros que podrían definirnos como malos, extraños o los raros de la película.

No voy a ser exhaustivo y me voy a concentrar en un aspecto de todo esto: qué tal si el que es raro soy yo o mejor dicho, qué tal si yo soy el diferente o el que tiene la razón y los demás son los que están equivocados por decirlo de otra manera.

¿Saben qué? He hecho este pequeño ejercicio los últimos días y me ha resultado liberador. No porque me interese imponer mis ideas y mis criterios a los demás, para que me sigan o hagan lo que yo quiera, sino porque me libera de la necesidad de querer pertenecer al rebaño o al grupo y me da la oportunidad de abrir mi propio camino, el cual es siempre menos transitado, más solitario pero al mismo tiempo es el que me produce las mayor satisfacción de descubrir y saber quién yo soy.

Saturday, August 31, 2019

Conocer y explotar el potencial que se lleva dentro

En períodos de adversidad hay gente que se crece y saca lo mejor de sí misma si las circunstancias así lo permiten. En otras situaciones ello no es posible a pesar de todo el esfuerzo que se haga pero eso no le quita mérito al empeño desmesurado que ponemos en enfrentar los malos momentos. Se dice que la manera como uno reacciona a los problemas en la vida define nuestro carácter.

Ahora bien, ¿Qué pasa si la vida no nos brinda los sinsabores, retos o "las oportunidades" que permitan probarnos y sacar lo mejor de nosotros mismos?

Se entiende que si estamos en el bosque o la selva y un león nos va persiguiendo trataremos de correr lo más rápido posible hasta superar límites que nos sorprenderían bastante porque hasta llegado ese momento nos eran desconocidos e insospechados. O si estoy dentro del mar y veo un tiburón acercándose trataré de llegar a la orilla a una velocidad que no sabía mis brazos y piernas me permitirían.

Situaciones como las anteriores nos abren las puertas para conocer destrezas y habilidades que no sabíamos existían en nosotros.

Lamentablemente, muy pocas veces la vida moderna nos presenta situaciones extremas de los tipos anteriores que ayuden a determinar de lo que somos capaces.

He estado pensando mucho en esto porque la mayor parte del verano me la he pasado en una máquina de correr en casa con el propósito de perder las casi 20 libras que gané los primeros cinco meses del año cuando anduve de país en país sin muchos frenos dejándome seducir y satisfaciendo los placeres de la boca, el gusto y el paladar que encontré al paso de mi recorrido (o yo los busqué cuando no me los encontraba de manera fortuita).

A mediados de Junio y sin tener detrás un tigre o un tiburón que me quisiera comer, se me hacía casi imposible pensar que yo podía ser capaz de recorrer dos millas y mucho menos las 8 que es la cantidad máxima a la que he llegado los últimos días.

No obstante sí lo logré y por hacerlo me llevo la recompensa adicional de recuperar el peso que tenía en Enero antes de comenzar el desenfreno de este año de los viajes por el mundo.

El truco para lograr esto fue el empujarme día a día con un minuto más o dos, o terminar con números redondos y hacer un cuarto de milla o media milla más o hacer más de una sesión con intervalos de descanso cada vez más reducidos.

A la conclusión a la que he llegado y es extrapolable a todos los demás aspectos de la vida, es que no conocemos muy bien nuestros límites ni las cosas que somos capaces de hacer porque no nos hemos encontrado con las situaciones desfavorables que nos hayan puesto a prueba. Por igual los límites no son fijos sino cambiantes y movibles dependiendo del esfuerzo que pongamos en sobrepasarlos.

Es paradójico que todos queremos llevar una vida llena de placeres y sin contratiempos pero al mismo tiempo ese mismo tipo de vida nos empobrece en muchos otros aspectos de nuestro desarrollo físico y mental. Como si no fuera poco, la vida fácil, sin vicisitudes, sin dificultades, a la larga nos impide conocer y disfrutar de la grandeza de nuestro potencial y la moraleja que yo saco de todo esto es que a falta de problemas debemos entonces crearlos nosotros mismos para poder descubrir y explotar el gran potencial que todos llevamos dentro.

Wednesday, July 31, 2019

Vivir es un arte

Nunca antes como ahora había visto de manera tan clara la íntima relación existente entre la creación artística y el desarrollo individual, personal y/o colectivo. Creo estar convencido de que el éxito es en cierto modo una función de nuestra capacidad creadora, de nuestra habilidad para trascender las normas e ir más allá de los límites que nos han impuesto o nos hemos creado nosotros mismos.

Desafiar las reglas, romper con las costumbres, inventar ideas y nuevas formas de ver el mundo, oír y gustar de cosas novedosas son todos aspectos intrínsecos del proceso creativo que generalmente asociamos casi de manera exclusiva con "las artes". Sin embargo estas características no se circunscriben sólo a ellas y van mucho más lejos; son partes integrales en la ejecución de cualquier empresa que conlleve cierta importancia y envergadura.

Si, por extensión, y a manera de simplificación, denominamos "arte" al objetivo final de todo proceso creativo nos resultará fácil observar que el arte y en consecuencia el artista, pueden estar en todas partes, no únicamente en una obra de teatro, danza, escultura, pintura o pieza musical. De hecho forma parte esencial de toda creación intelectual.

El cine, la literatura, la arquitectura son parte también de este selecto grupo pero también hay arte en el diseño de cualquier teoría científica, en la ejecución de un trabajo manual, en la cocina creando nuevos recetas. Tanto el herrero, el repostero y alfarero como la moda, el barista que crea nuevos cócteles, o el DJ que mezcla música, etc., comparten por igual los mismos elementos presentes en el acto creativo.

Crear e innovar parecen ser cualidades innatas en el Homo Sapiens. Mas, no se desarrollan por igual en todos los humanos. Aparentemente también, estas características, que están ligadas estrechamente con el arte, la invención y experimentación de cosas nuevas, pueden ser promovidas, estimuladas o en su defecto, ser desincentivadas y hasta reprimidas durante el largo proceso de crecimiento y socialización de los seres humanos.

No obstante, el saboteo que puede sufrir nuestra capacidad creativa y artística fruto de las fuerzas que se ejercen en su contra, la misma puede reaparecer como por arte de magia en tiempos de grandes tribulaciones y dificultades. Pero también puede recuperarse y reaprenderse si se dan las condiciones necesarias y/o se hace el esfuerzo consciente para sacarlas a la luz.

Una vez nos damos cuenta de la importancia que ejercen estos factores y la relación que tienen en proporcionarnos las herramientas necesarias para conseguir las cosas que queremos, entonces quedan bien claras las barreras que debemos eliminar y las fuerzas que tenemos que contrarrestar para desarrollar al máximo estas capacidades.

No hay que hacer nada trascendental. Sólo hay que conectar con nuestra curiosidad reprimida, darle rienda suelta a la imaginación y a las posibilidades y dejarse llevar por ellas sin importar hacia donde nos lleven. Vamos a descubrir entonces lo que nos ha sujetado hasta ese momento, las cosas que nos habían impedido movernos en diferentes direcciones y los obstáculos que hay que vencer en el camino.

Tener una visión artística del mundo ayuda a resolver problemas pues ello nos impulsa a crear distintas soluciones, diferentes alternativas, nos estimula a ensayar sin descanso sin el temor a fracasar. La cuestión que me queda por averiguar es si el incentivo de las artes logra de por sí conectar los lazos que nos unen con el mundo real o por el contrario el cultivo de ellas se convierte en un subterfugio para escapar de sus precariedades y dolencias.

Si este fuera el caso de que los mundos en los que viven los artistas y entes creadores fuera diferente del de las demás personas, es hora ya entonces de tender un puente que una estos mundos paralelos en los que nos desenvolvemos. Cuánto más pronto nos decidamos a cruzar este puente más pronto veremos los beneficios que nos aporta incorporar el arte y la creatividad en la resolución de problemas y la satisfacción de nuestras vidas.

                                          Mural de Diego Rivera en Ciudad de México
                                                                                

Sunday, June 30, 2019

Las fallas de la memoria

Un amigo mío me llamó recientemente para entre otras cosas informarme que se había cambiado de compañía. Sin entrar en detalles, parece que el cambio era necesario porque aunque el nuevo trabajo se hacía prácticamente lo mismo que en el anterior, las cosas no estaban saliendo como el quería.

En la conversación que sostuvimos salió a relucir el trabajo que yo realizo, el cual es similar al de él con la diferencia de que yo trabajo hasta cierto punto por mi cuenta, soy un contratista, no soy un empleado y por tanto no estoy restringido a la rigidez que imponen los horarios de trabajo y muchas otras normas y/o regulaciones que son propias de las empresas, compañías u organizaciones.

En algún momento le debe haber pasado por la cabeza tratar de hacer lo que yo hago pues hay muchas ventajas en ser independiente y si uno sabe hacerlo es probable que le vaya bien. Pero no todo el mundo sabe y esta manera de trabajar tiene sus desventajas también.

De hecho, mi amigo me contó que conocía muchas personas que habían tratado, habían dado el salto pero parece que habían fracasado en sus intentos de hacerse prósperos con este modelo de trabajo pues al cabo de cierto tiempo los había visto empleados de nuevo.

Alguna de esa gente que no le ha ido bien intentando hacer la transición, debió haber intentado reclutar a mi amigo resaltando solamente las ventajas de este tipo de "emprendedurismo" que yo hago, sin tomar en cuenta los riesgos y los muchos otros obstáculos que se interponen para lograr el éxito.

De una cosa estoy seguro, sin embargo, y es que yo no fui uno de esos que trato de convencerlo de que dejara de hacer lo que estaba haciendo para venir a inventar y tratar de hacer una carrera por su cuenta de la manera como yo lo estoy haciendo. A mí me parece que si las cosas están bien, si a uno le va bien y lleva gusto en lo que hace, uno no debe tratar de hacer cambios innecesarios a menos que exista otra razón más importante y valedera.

Por eso me sorprendió mucho cuando este amigo me dijo en la misma conversación de referencia que yo había sido uno de esos que le hizo la recomendación de dejar su trabajo original y hacer trabajo independiente de la manera como yo lo hago. En todo caso, si se lo hubiera sugerido, yo soy de los pocos que tengo calidad moral para hacerlo pues modestia y aparte, no me puedo quejar de cómo me ha ido.

No obstante, yo, más que nadie soy consciente de que el trabajo que hago no es para todo el mundo. No porque sea especial o superdotado. Es sencillamente porque hay que tener experiencia (trabajé 10 años por mi cuenta, siendo mi propio jefe) y también paciencia para ver resultados satisfactorios. Hay que pensar a largo plazo, no a corto plazo. Hay que resistir las tentaciones de un cheque semanal o cada quince días y hay que saber administrar el tiempo. No es lo mismo trabajar porque te obligan que tener la disciplina de trabajar aunque nadie te lo exija o te mande.

Por todo lo anteriormente dicho, sé que no pude hacer esas recomendaciones. No se pueden hacer a la ligera. Sólo si me las piden. Creo que sé lo que hago y lo que digo. Hasta prueba de lo contrario creo que tengo buena memoria. Eso en ciertas situaciones y esta parece ser una de ellas, parece ser más una maldición que una bendición.

Me molesta que por una falla de memoria se me atribuyan cosas que no he siquiera dicho o pensado.
Y me queda entonces la duda, ¿cuántas otras cosas se nos atribuyen a nosotros o le atribuimos a otros sencillamente porque no recordamos claramente o porque nuestra memoria es deficiente?

Friday, May 31, 2019

Las interacciones revelan qué y quiénes somos

Uno tiende a juzgar por las apariencias y aunque ellas nos dicen algo de nosotros y de los demás, las mismas no nos lo dicen todo. En muchos casos lo que dejamos ver de nosotros en una foto (o lo que los otros ven), en una entrega de las redes sociales o hasta en un post como este es insuficiente para dar o transmitir una verdadera idea de quiénes somos.

Lo que sí me parece revelador y es también chocante acerca de nosotros mismos y de los demás son las respuestas que damos y/o nuestra reacción a cómo los demás interpretan y reaccionan a nuestras entregas.

En otras palabras, es la interacción con los demás lo que nos revela y nos delata, más que todas las descripciones que hacemos de nosotros mismos o las fotos que publicamos por doquier.

De las múltiples e innumerables interacciones que se dan entre los individuos voy a entresacar unas pocas muy vinculadas a las redes sociales y a las actividades digitales. Por ejemplo, he observado como las personas tendemos a identificarnos con las caras y las expresiones que vemos y nos gustan. Igual nos pasa con lo que leemos. Para bien o para mal creamos también lazos emocionales y sentimentales con los autores de eso que leemos y compartimos.

Lamentablemente esa relación de cercanía afectiva que nosotros establecemos con esas personas con las que nos identificamos es muy probable que se establezca en una sola dirección, sin darnos cuenta, a veces de manera inconsciente y también unilateral.

En otras palabras, es muy probable que esa sensación de cercanía que sentimos no sea de doble vía, sea asimétrica y no sea compartida debido en su mayor parte porque lo que produce el acercamiento y la identificación de un lado no necesariamente ocurre del otro por más buenas intenciones y buenos deseos que parezcan poseer quiénes albergamos tales sentimientos.

El trabajo de publicar y compartir una foto, una entrega, un artículo de periódico o hasta una presentación de cualquier tipo (teatro, TV, cine, etc) sólo toma en cuenta las emociones y los sentimientos del emisor y puede ser un proceso introspectivo en el cual el emisor no necesariamente está tomando en cuenta los efectos que provoca o podría provocar en la audiencia.

Para el publicador de un artículo puede resultar una sorpresa muy agradable la aceptación que ha alcanzado su mensaje en el público, pero aunque ello es atractivo y halagador la cercanía emocional que siente el receptor no se equipara a la del emisor y por ende es muy fácil la creación de malentendidos.

La cortesía puede malinterpretarse y es muy fácil herir las susceptibilidades de terceros que esperan un mayor nivel de acogimiento y comprensión. Lo que ocurre es que no siempre la persona que origina o provoca reacciones afectivas en terceros, está preparada para devolver en la misma medida y con la misma moneda las manifestaciones de afecto dirigidas en su favor.

Lo que para una parte pueden parecer muestras de estimación y cariño que deben ser bienvenidas y aceptadas sin ningún tipo de cuestionamiento u objeción, la otra parte puede sentir que es una invasión a su privacidad o peor, pueden llegar a provocar sensaciones de malestar, asedio y acoso si no son dosificadas y dirigidas de manera apropiada.

Situaciones de este tipo pueden convertirse en un círculo vicioso pues la fascinación que siente una de las partes hacia su objeto de atracción la puede llevar a ser más inquisitiva de la cuenta y a llamar o buscar la atención utilizando todos los medios a su alcance, en especial, saltándose una que otra norma de civilidad al dirigirse a personas con las que a pesar de creer que se comparte una familiaridad, en realidad se sabe muy poco de ellas.

Todo este empeño por acercarnos, sin embargo, nos lleva obviamente a tratar de justificar nuestras acciones y los motivos por los que actuamos de la manera que actuamos. Pero al final lo que provocamos es un efecto boomerang donde producimos lo contrario de lo que intentamos conseguir.

Los sentimientos de acoso que siente el destinatario se pueden exacerbar y las conductas de rechazo se instalan hasta tal punto que provocan el colapso y la ruptura total de la comunicación entre las partes involucradas. Quién se defiende puede quedar luego sorprendido de las reacciones a las que se es capaz de llegar cuando se sienten asedio y acorralamiento ya sea de manera real o imaginada.

Tuesday, April 30, 2019

De viaje por Barcelona - Valladolid - Barcelona

Ya casi me puedo considerar un viajero consuetudinario. El casi es la palabra clave. Aunque no sé si todavía me queda grande la etiqueta, el ir de país en país o de una ciudad a la otra se ha convertido en una especie de juego, en algo que me excita pero que no me altera demasiado los nervios o las hormonas del estrés lo cual es un buen síntoma.

Inicialmente tenía pensado ir a Barcelona lo cual era casi como una especie de obligación. Un turista que se respete no puede resistirse a la tentación de visitar ciudades como París, Madrid, Roma, Londres, New York o Barcelona entre otras grandes ciudades del mundo.

Ahora bien, ya que estaría en Barcelona porqué no salirme un poco de la rutina y aprovechar la ocasión para conocer otras ciudades españolas. Habiendo tantas opciones, la decisión de escoger dónde ir quedó resuelta cuando me plantée aprovechar la ocasión para tomarme un café (o una cerveza) con Carolina con quién he compartido tanto aquí en el blog como en Facebook.

De esa manera fue como Valladolid entró a formar parte del escenario.

Introducir otra ciudad al destino inicial tiene sus retos y genera una serie de cambios que hay que ponderar y añadir a la logística inicial del viaje, como por ejemplo, qué medio de transportación utilizar tomando en cuenta la eficiencia y el costo (Omio es un app que me facilitó las cosas por ese lado); buscar otro hotel para pasar por lo menos 2 noches y también debía preparar un nuevo itinerario de los sitios a visitar pues no tenía la menor idea de lo que podía encontrar allí.

Por experiencia, sólo necesito un punto de partida, a manera de palanca (para mover el mundo), y desde ahí preguntando uno llega a Roma (que por coincidencia fue el nombre del hotel donde me hospedé). Por suerte no fue necesario esforzarme mucho en esa dirección pues ese punto de partida me lo proporcionó Carolina quién de manera muy entusiasta y ayudada por Luis (su compañero) me preparó no un punto sino una hoja con suficientes recomendaciones de lugares para un recorrido de por lo menos dos o tres días.

Llegué desde New York al Aeropuerto El Prat de Barcelona en la mañana del 4 de Abril y desde ahí tomé el Aerobús hacia el centro. Sabía que tenía que quedarme en la plaza Cataluña desde dónde mi hotel localizado en Sant Antoni estaba a menos de 15 minutos. En relación al costo, distancia y a la facilidad de transporte desde el aeropuerto hay que decir que Barcelona es una de las ciudades más amigables (friendly) del mundo. Hice uso del Aerobús en 4 ocasiones y no me puedo quejar de ninguna de ellas pues el servicio es excelente: muy rápido y eficiente.

Plaza Cataluña
Barcelona es una gran ciudad y está llena de turistas por todos lados. No le dediqué todo el tiempo que se merecía porque lo dividí con Valladolid. Mas, tuve tiempo de recorrer sus calles, La Rambla, La plaza de Colón, El arco de Triunfo, La casa Batlló (Gaudí), El museo de Picasso, la ciudad gótica y pude admirar de cerca la grandiosidad de La Sagrada Familia (Gaudí) entre otras cosas. Sustrayendo el tiempo que me tomaron los viajes internos me pasé 3 días yendo de un lugar a otro de Barcelona tanto degustando de la comida, en especial las tapas como disfrutando de las cervezas de la región. Vale mencionar que Sant Antoni tiene unos lugares muy acogedores.

Plaza Colón


La Sagrada Familia




En Cuanto A Valladolid la experiencia fue mucho más significativa. Aunque no es una ciudad ni muy grande ni muy chica, conserva el encanto y la acogida de los pueblos pequeños. Tanto en los bares y los cafés cuando la gente se entera que eres un visitante se nota el esfuerzo por entretenerte y agradarte y hacerte la vida más fácil y llevadera. Es un lugar más apartado y apacible que digamos Madrid o Barcelona, con mucha tradición religiosa y en el que te encuentras con grandes sorpresas como El Museo Nacional de Escultura y La Casa Cervantes. 

Plaza Mayor de Valladolid


Debo señalar que el punto culminante del viaje a Valladolid fue haberme encontrado con Carolina quién me ayudó bastante en la segunda parte de mi recorrido; me introdujo al Penicilino, un café muy original frecuentado por estudiantes y gente bohemia (como yo), y me llevó a conocer el Museo Nacional de Escultura donde se exhibe una muy importante colección de piezas valiosísimas en su mayoría de carácter religioso, la cual lamentamos no haber podido ver de manera completa.
En El Penicilino

San Onofre (hacia 1500)
Madera Policromada





















No sólo fue el recorrido con Carol lo que más nos entusiasmó sino la conversación que se desarrolló a través de este como en los sitios a los que fuimos, como en los viejos tiempos de los blogs. Se habló y se abarcó de todo: antropología, psicología, filosofía, redes sociales, experiencias de trabajo, etc. Creo que nos faltó tiempo para tocar a profundidad todos los temas.

Y como todas las cosas, se hizo tarde, muy tarde y nos tuvimos que despedir en la mitad de la noche y de igual manera este post ya se hace largo y hay también que darle fin que no necesariamente es el fin porque todo queda inconcluso y todo sigue hasta la próxima entrada, visita, encuentro...

Sunday, March 31, 2019

Cuando el cuerpo y la mente lo piden

Se acerca la fecha de hacer un nuevo viaje y mi excitación esta vez no es tan grande como en ocasiones anteriores. Y a mí me parece una buena cosa esto que me está pasando.

Bueno, debo admitir que días antes de iniciar cada viaje mi nivel de entusiasmo no es muy grande. Me activo el día anterior y me sobrecoge la emoción de último minuto cuando comienzo a arreglar el equipaje a la carrera.

Esta vez, sin embargo, la situación es diferente. Luego de regresar de unos cuantos viajes y no bien he comenzado el proceso de disfrutar las experiencias vividas, otra nueva experiencia está ya a la vuelta de la esquina antes de que pueda asentarse todo lo vivido y experimentado en los que he acabado de realizar.

Me propuse hacer un viaje cada mes en los primeros meses del año y el próximo, que viene a ser el cuarto, está ya a la vuelta de la esquina, a comienzos de Abril. El siguiente tampoco se hace esperar y es hacia Paris, Francia, en el mes de Mayo.

A mí me parece una buena cosa el que yo ahora piense que necesite dejar más tiempo de por medio entre viajes porque parece que he alcanzado un grado más de madurez como persona interesada en conocer y disfrutar del encanto y la diversidad del mundo. Todavía es mucho lo que falta por aprender y explorar pero hay que darle tiempo a la mente y al cuerpo para que pueda digerir y acostumbrarse a toda la nueva información que le llega.

La comparación que puedo hacer es como el proceso digestivo. Hay que esperar digerir la comida que acabamos de ingerir antes de pensar en echarle más comida al estómago. Hay que dar tiempo al hambre que se establezca para luego pensar en qué vamos a comer.

Creo que tenía mucha hambre por conocer otros países, sus culturas y sus enigmas. Los últimos tres años he hecho mucho para satisfacer y saciar esa hambre de manera tanto literal como metafórica. Pero al paso que voy, si no aminoro, el exceso de  "comida" me va a causar una indigestión.

No es que teóricamente sea una mala idea vivir en un estado latente de euforia provocado por estar descubriendo cosas nuevas e interesantes todo el tiempo. El problema es mantenerlo.

Aparentemente tanto el cuerpo y la mente necesitan cierto descanso de vez en cuando. Y cuándo ellos lo piden es mejor hacerle caso y dárselo.

Thursday, February 28, 2019

Laberintos involuntarios

El otro día reflexionaba yo acerca de la importancia de que en nuestra vida cotidiana uno se encontrara siempre con problemas y necesidades que resolver pues ellos y ellas en vez de entorpecer o afectar nuestras habilidades, al contrario, nos las afinaban y nos motivaban a salir en la búsqueda de respuestas y soluciones a las dificultades que se nos cruzaran en el camino.

Especulaba que de alguna manera esto era lo que impulsaba al mundo y me alegraba de que siempre uno pudiera encontrar situaciones en las que uno tenía la capacidad para enfrentarse a los retos y obstáculos que trae consigo el diario vivir.

Sin problemas, sin complicaciones y sin dificultades no habría incentivos para hacer cambiar las cosas, el status quo. El mundo sería muy aburrido. 

Hasta ahí todo estaba bien. Era y es muy poderoso y reconfortante el sentimiento que produce creer poder estar en control de las cosas y hasta poder creer que se puede cambiar el mundo.

La felicidad sin embargo dura poco. Es efímera como un sueño placentero del que te despiertas antes del momento más esperado y culminante. 

¿Qué ocurre cuándo no está en uno o no depende de uno el que las cosas cambien? O peor, ¿qué ocurre cuando te ves involucrado en situaciones en las que tu vinculación es simplemente circunstancial, pero igual estás metido de lleno dentro de ellas y no puedes hacer nada para escaparte o deshacerte de ellas?

La vida parece ser un rompecabezas o quizás un laberinto donde el azar parece jugar una parte muy importante y decisiva en la solución de sus enigmas. La entrada al laberinto no siempre depende de nuestra voluntad, ni la salida del mismo de las habilidades propias sino también de la suerte.

Todo este preámbulo para decir que uno no debe confiarse demasiado pues cuando mejor van las cosas la vida te presenta situaciones que van más allá del propio control y humildemente hay que volver un poco hacia atrás para medir y reevaluar nuestras perspectivas. 

Afortunadamente uno aprende la lección y todo vuelve a la normalidad, al menos por un tiempo. Luego nos confiamos y volvemos a andar distraídos por el mundo hasta que se nos atraviesa otra piedra en el camino, la cual hará que levantemos los pies y así volvemos a reiniciar el ciclo.

Thursday, January 31, 2019

Para apreciar lo que se recibe

Siguiendo con la idea de la entrega anterior en la que destacaba que todo debe costar, he comenzado un nuevo proyecto basado en la premisa de que no sólo quién da debe pagar un precio sino también quién recibe lo que se da. Es decir, este último debería ser capaz de aportar algo de su parte para poder recibir y apreciar lo que se le da.

No es complicado de entender. De la misma manera que no tiene mucho mérito dar o regalar lo que nada nos duele o nos cuesta, así mismo no le damos el mismo valor e importancia a todo aquello que recibimos sin nosotros habérnoslo ganado, sin que haya habido ningún esfuerzo o sacrificio de nuestra parte.

¿Cómo poner esto en la práctica? Muy sencillo: en mi reciente y último viaje a Santo Domingo me dediqué a iniciar un nuevo proyecto. Un poco limitado en cuanto al número de participantes (n=5) pero que me permitirá evaluar actividades similares en un futuro. En esta ocasión me dediqué a promover el cultivo de hortalizas a nivel barrial y por ello le pagué a 5 personas una pequeña cantidad de dinero para que hicieran un pequeño huerto en sus casas. Yo les proporcioné las semillas.
El huerto y los resultados que obtenga cada quién son para el beneficio de cada individuo participante.

Se trata de no dar dinero por dar dinero a la gente que regularmente se le acerca y le pide a uno para comprar bebidas o jugar, etc., sino en su lugar yo se lo doy si a cambio ellos hacen algo por ellos mismos. Yo contribuyo entonces con dinero contante y sonante a manera de incentivo para el logro de un objetivo que los beneficia directamente.

Lo anterior puede constituirse en un modelo para diseñar estrategias que ayuden a identificar necesidades y "financiar" pequeños proyectos de ayuda dentro de la comunidad.

Monday, December 31, 2018

No sólo de placer y trabajo vive el hombre

La vida es algo más que diversión, trabajo, deberes y/o responsabilidades cotidianas. Muy importante también son las causas y todas aquellas actividades que uno hace o debería hacer e involucrarse y que no están necesariamente relacionadas con nuestra supervivencia o el propio bienestar personal inmediato.

Me refiero a todas esas cosas en las que uno cree para vivir en un mundo más justo y equilibrado; en otras palabras, un mundo menos desigual y más competitivo. Son las cosas que aunque de manera directa no nos afectan significativamente, sin embargo no podemos hacernos los sordos, los ciegos o los mudos y debemos afrontarlas en la medida de nuestras posibilidades y más aún, haciendo uno que otro sacrificio de nuestra parte para lograr una vida más plena, más equitativa y duradera no solamente para un grupo, sino para la gran mayoría de los humanos sin excluir los grupos minoritarios.

Causas hay muchas y podría enumerar unas cuantas como el cambio climático y las medidas que tomamos para enfrentarlo; la pobreza, la falta de educación, de salud, la discriminación, la inmigración y así sucesivamente...

Aquí cabe destacar que nuestro nivel de participación en una u otra causa determina el valor o  nivel de crédito que nuestras acciones representan.
Porque no se le puede dar el mismo mérito a algo que no nos cuesta gran cosa hacerlo en comparación con otra cosa a la que le dedicamos gran energía, tiempo y recursos. Yo creo en el valor del costo aunque no siempre este se puede cuantificar. Muchas veces el valor del mismo no es posible medirlo por métodos puramente tradicionales. No obstante, la idea subyacente es la misma: para que algo tenga valor debe costar, debe haber implícito un precio que hay que pagar, conlleva un esfuerzo para conseguirlo.

Hago la diferenciación sin ánimos de restarle créditos a quiénes se esfuerzan sólo un poquito, desde la comodidad de sus casas haciendo pronunciamientos en las redes sociales únicamente, pero tratando de destacar, eso sí, el valor de no quedarse sólo en las palabras y pasar a la acción como mecanismo de conseguir objetivos mucho más amplios, tangibles y valiosos.

El mundo está lleno de iniquidades y situaciones que ameritan todo nuestro esfuerzo y dedicación. No pretendo enfrentarlas a todas. Pero más que quejarme de ellas yo pretendo hacer algo, una contribución que vaya más allá de las palabras y se fundamente en la acción. No soy Bill Gates ni tampoco George Soros, pero relativamente hablando puedo hacer un aporte proporcional a lo que esta gente hace.

La satisfacción que consigo haciendo actividades de este tipo es igual o mayor que la que consigo con mis viajes a distintos países. En el 2019 estos continuarán pero de igual manera aumentaré mi compromiso con las causas que considere meritorias y estén a mi alcance contribuir porque no sólo de placer vive el hombre.

Friday, November 30, 2018

Al igual que la comida

El otro día hablaba de la importancia de no desperdiciar nuestro paladar, de aprovechar al máximo nuestro sentido del gusto y de utilizarlo no solamente como una manera de satisfacer y saciar el hambre sino también para realzar la experiencia de la comida.

Me di cuenta de que no se debe comer por comer. Debe haber algo más que nos motive y ese acto no debe ser de ninguna manera rutinario.

Explorar nuevos sabores, ir en la búsqueda de nuevas sensaciones debe ser nuestro motto de todos los días. Dejar de crear nuevas experiencias o desaprovechar la oportunidad que nos ofrece la vida para degustar la comida en sus diferentes formas y variedades es un desperdicio.

De igual manera y llevando esta idea un poco más lejos, resulta también un desperdicio no cuestionar nuestras experiencias cotidianas y dejar de crear o buscar aquellas que nos eleven la calidad de la vida.

¿Porqué malgastar nuestra existencia repitiendo las mismas cosas, conociendo la misma gente que no tiene nada nuevo y bueno que ofrecer?

Tal y como hacemos con la comida, ¿porqué no comenzamos a desechar a toda esa gente que nos da náuseas y empeora nuestra calidad de vida?

Aparentemente, para llegar a este punto hay que estar alerta y presente todo el tiempo. Es la única manera como podemos esquivar y vencer la tiranía que ejerce la rutina sobre nuestras vidas.

A todos parece llegarnos ese gran momento de lucidez en el que descubrimos que tenemos que ir en la búsqueda de esas cosas que nos interesan y hacen nuestra vida más plena y al mismo tiempo debemos dejar atrás sin drama y sin lamentaciones todo aquello que nos limita y hace de nuestra vida una existencia miserable.

Wednesday, October 31, 2018

Afluencia, Cultura, Nutrición

Una buena conversación estimula la imaginación y pone a uno a pensar en cosas que no había tomado en cuenta antes y surgen así como de la nada ideas y pensamientos de los más creativos y originales.

Me pasó el otro día con una de mis clientes favoritas quien en medio de la revisión de su cobertura de salud para el año entrante vino a formar parte de la conversación el hecho de que era la hermana de un integrante de un grupo de Rock al que conozco desde hace muchos años: Los Lobos.

Nos entretenemos siempre hablando de seguros y de todo y de nada en particular y sin proponérnoslo nos adentramos siempre a hablar de cultura, viajes, de salud y claro, no podía faltar la comida. Esta señora es chicana, de California, muy culta ella y como toda buena californiana muy preocupada por la que es o no es saludable.

Fue en medio de esas divagaciones que se me ocurrió a mí decirle algo que me vino a la mente en esos momentos. Le decía yo que parece que las personas no aumentamos nuestros conocimientos en materia de nutrición de manera proporcional al aumento de nuestra capacidad para adquirir los alimentos que consumimos.

Según mi teoría, nuestros hábitos alimenticios están condicionados por la cultura y por nuestra capacidad de poder adquisitivo, lo cual no necesariamente tiene que ser racional o estar relacionado con el poder nutritivo de los alimentos que ingerimos. En tal sentido, el aumento de nuestro poder adquisitivo podría influir negativamente en nuestra salud por el simple hecho de proporcionarnos con más frecuencia la clase de alimentos que preferimos más y a menos que nos hayamos educado en la materia, no siempre serían los más adecuados y saludables..

Talvez la idea no sea tan original porque ya había oído hablar de la paradoja de los cubanos. Ellos gozan de uno de los niveles más altos de salubridad en el mundo (la calidad de su medicina es un factor), sin embargo es de todos conocida la difícil situación económica por la que atraviesan lo cual los hace consumir mucho menos calorías que las que se consumen en países más desarrollados.

Todo parece indicar que lo que hace daño no es tan solo la calidad de lo que se consume sino también la cantidad y paradójicamente la escasez se convierte en un buen aliado de la salud a falta de mejor conocimiento en la selección de lo que introducimos como alimento en nuestros cuerpos.

Sunday, September 30, 2018

Wanderlust

Al final de Agosto y comienzos de Septiembre me fui a Bergen, la segunda ciudad en importancia de Noruega y la que en algún tiempo fue también su Capital.

Es un sitio lejano, situado entre el mar y las montañas, con vistas naturales espectaculares que impresionan a todo aquel que se adentra a ese mundo de sueño, a la vez exótico, frío y apartado.

Ir allí te deja marcado. Y por más de una razón. La belleza del paisaje, la peculiaridad de su comida, el colorido de las casas y sus techos, la experiencia de subir y bajar las montañas que están a su alrededor.

La verdad es que ir a lugares desconocidos, conocer nuevos territorios, probar comidas diferentes con nuevos ingredientes y sabores que sorprenden al paladar es toda una experiencia que nos marca y deja su huella de manera indeleble. No se puede borrar así por así.

Por el contrario, se crea una sed de búsqueda de nuevas vivencias; las que nos condicionan a querer siempre más; nos estimulan a abandonar la inercia y a lanzarnos hacia nuevas aventuras con el fin de experimentar esas emociones y sentimientos que sólo se consiguen al explorar los nuevos territorios y nos atrevemos a incursionar en la incertidumbre de lo desconocido.

Visto así y por extensión, cada día tiene el potencial de convertirse en una experiencia distinta, en una oportunidad de conocer algo nuevo y en la ocasión de probar una nueva delicadeza culinaria o el encuentro con una belleza insospechada.

Me voy más lejos y cuestiono el porqué debo gastar mi paladar, mi hambre y mi sed en comidas y bebidas que no estimulan mis sentidos, mi imaginación, mi ser. Qué de la mirada, los olores, los sonidos: ¿hacia dónde dirigirlos para satisfacer esta necesidad perenne e insaciable que parece no tener límites?

Me pregunto si no será este el mismo camino que conduce a la perdición.

Wednesday, August 29, 2018

Prisiones

No hay mejor manera de poder apreciar una cosa que cuando escasea o cuando no la tenemos o dependiendo de lo que se trate, cuando la podemos ver desde otro ángulo especialmente si es el opuesto.

La libertad por ejemplo. Cuando nos la quitan como en el caso de un encarcelamiento o prisión, todas las cosas asociadas con ella toman una nueva dimensión, se aprecian y se añoran más, se desean más.

De igual modo cuando tenemos la oportunidad de analizar lo que es una prisión podemos descubrir que fuera de ella no todo es color de rosa. Vivir en una cárcel o prisión nos hace descubrir otras cárceles y prisiones que existen fuera de los límites de esas instalaciones.

A diferencia de las cárceles físicas donde hay restricciones materiales de todo tipo -- paredes, barrotes, cadenas, etc., existen también otras cárceles en los lugares más insospechados donde los grilletes a pesar de ser invisibles no dejan de constreñir y aprisionar con la misma intensidad.

A manera jocosa, existe una canción de Braulio titulada "en la cárcel de tu piel" dónde la víctima narra estar preso a voluntad, prisionero del amor que le tiene a su carcelera e implora que no le den la libertad pues esa prisión le encanta... En fin en este caso habría que cuestionar el significado de lo qué es una prisión o si esto califica para llamarse una prisión real pues el presidiario parece disfrutarla y no querer su libertad.

En ese mismo tenor podemos hacer una búsqueda en Google y ver que además de "en la cárcel de tu piel", también existen "en la cárcel de tu amor" y "en la cárcel de tu adiós" que auguran resultados y vivencias mucho menos auspiciosas.

Dejando un poco de lado el romanticismo y volviendo a ser más realistas lo que quiero destacar es que hay otras prisiones, como las mentales, ideas fijas que aprisionan, maneras de vivir, hábitos, atavismos que no se diferencian mucho de la vida en una prisión y así por el estilo.

Recientemente me pasé muchas horas mirando 3 temporadas y más de 40 episodios de Orange Is The New Black, una serie que narra la vida en prisión de un grupo de mujeres y a la conclusión que llegué es que a pesar de lo desgarrador e inhumano del trato que reciben las reclusas, la vida dentro de una prisión llega a ser predecible y hasta cierto punto controlable.

Hay personas que se adaptan a este tipo de "orden" brutal dentro de la prisión (carcelero o encarcelado son dos caras de la misma moneda) mas adaptarse a las condiciones existentes fuera de ella les es muy costoso. De ahí que la cárcel se convierte en una especie de magneto a la que tarde o temprano la mayor parte regresa por no poder entender o descifrar las reglas existentes fuera de ella.

A fuerza de mirar la rutina en la que se desenvuelve precariamente la vida en instituciones carcelarias nos queda la alternativa de analizar nuestras propias vidas para determinar hasta qué punto estamos nosotros mismos encarcelados y si actualmente estamos aprovechando al máximo la supuesta libertad de la que gozamos.

Tuesday, July 31, 2018

Mantener el balance

De cómo no perder el equilibrio, de cómo mantener el balance va esta entrega.
Porque es fácil dejarse arrastrar por los extremos y en casi todos los casos, todos los extremos son malos.

Veamos: si trabajamos mucho es bueno por un lado porque conseguimos dinero para pagar las cosas que queremos y necesitamos pero al mismo tiempo trabajar demasiado no es bueno ya que el cuerpo y la mente necesitan descansar de manera apropiada. Divertirse en estas circunstancias sería genial pero si exageramos, si nos divertimos más de la cuenta es malo porque gastamos lo que tenemos y hasta lo que no tenemos.

Como dice un amigo mío, no hay límites para gastar. Siempre va a haber un whisky más caro o una ropa de mayor precio y eso se puede extrapolar a todo: tickets de avión, vacaciones, lujos, etc. Si nos llevamos del gusto nos endeudamos y hasta podríamos perderlo todo cuando ya no podemos seguir el ritmo y se produce un desbalance entre el dinero que entra y el que sale.

Lo mismo nos pasa con la comida.
¡Qué cosa más deliciosa es comer!
Independientemente de que comemos porque es indispensable para vivir, en los tiempos modernos ya no lo hacemos exclusivamente porque lo necesitamos sino, por placer y en demasía, hasta el punto que hemos creado una crisis llamada obesidad por el consumo en exceso de comida.

Sin embargo es difícil encontrar un punto de equilibrio porque al mismo tiempo que se nos incentiva a comer utilizando toda clase de trucos y artimañas de mercadotecnia, también se usan las mismas técnicas para decirnos lo contrario, lo cual en el peor de los casos nos lleva a desarrollar trastornos del comer como la anorexia y/o bulimia.

Existencialmente hablando me doy cuenta que la vida se desenvuelve siempre entre parámetros opuestos a los que hay que prestar mucha atención para poder disfrutarla plenamente y no perderse de manera irreparable en sus extremos.

Como en este caso de que me estoy sintiendo culpable de que estoy gozando de demasiado tiempo libre y siento que no lo estoy aprovechando al máximo y de que ese puede ser el origen de la creación de malos hábitos que interfieran o me incapaciten para mis labores productivas posteriores...

No me gusta dormirme en mis laureles ...

Saturday, June 30, 2018

El mundo está en conmoción

Vivimos tiempos difíciles estos últimos días, estos últimos meses y estos últimos años. Actualmente no es sólo la amenaza del cambio de clima que inexorablemente nos acerca cada vez más hacia un final catastrófico y trágico. Es sobretodo la respuesta que se le está dando a esta amenaza real.

Ignorar el problema no lo hace desaparecer, por el contrario lo agrava y quiénes más van a sufrir las consecuencias son precisamente las personas más vulnerables no solamente de los países más ricos y desarrollados sino especialmente de los países más pobres.

Al comenzar Junio se inicia la temporada ciclónica que el año anterior produjo múltiples huracanes y los consecuentes daños, pérdida de vidas humanas y grandes devastaciones en el caribe y el sur de Estados Unidos y de las que todavía no nos hemos recuperado completamente.

En cuanto a la situación política, estamos viviendo en un estado de caos en el mundo entero. Las guerras no parecen cesar, la crisis migratoria y de refugiados producto de estas guerras se agrava y la estabilidad política del mundo se tambalea. No se ve una solución a corto ni a largo plazo y mientras tanto mucha gente muere a diario ya sea a consecuencia directa de las guerras, otras que huyen de ellas perecen ahogadas en barcos que zozobran en alta mar y también de manera indirecta la gente muere de hambre, de enfermedades que son el producto de las condiciones infrahumanas en las que les toca vivir y así por el estilo.

A todo lo anterior se suma la inestabilidad política, social y económica que existe en muchos países de latinoamérica como Colombia, Venezuela, México y otros países de centroamérica y que provoca la migración de grandes contingentes de estas poblaciones hacia Estados Unidos y la respuesta, el trato inhumano que reciben al llegar a este territorio.

El mundo está en conmoción. La tecnología en vez de ayudarnos ha empeorado las cosas. En vez de unirnos nos ha dividido aún más. Nos ha segmentado en base a la raza, la religión, el color de la piel, afiliación política, preferencias sexuales y quién sabe cuántas cosas más.

La situación a nivel local no parece ser mucho mejor. Todo lo contrario: las fuerzas que parecen estar controlando la dirección hacia la que se dirige el mundo se dejan sentir con mucha fuerza en los barrios y las zonas donde uno vive. Se nota un incremento de la violencia, las actividades delictivas crecen y hay un aumento en la membresía juvenil en grupos proscritos que no parecen tener ninguna consciencia o valoración de los peligros que entraña vivir al margen de la sociedad.

Últimamente he estado cuestionando y reflexionando sobre la vida, que no es justa. En cambio, es muy injusta. No basta con controlar las circunstancias que rodean tu vida en particular. Ella depende sobremanera de factores que uno no controla y en muchos de estos casos uno puede perderla a consecuencia de ellos.

Thursday, May 31, 2018

Nuevos cambios

¿Qué sería de la vida si no hubiera cambios? No sabría decir. Las respuestas serían tan diversas como individuos existen en el planeta. Por mi parte yo creo que me aburro si de vez en cuando no cambian las cosas o la percepción que tengo de ellas. Porque de hecho todo está cambiando continuamente a nuestro alrededor aunque no nos demos cuenta de ello.

Generalmente las personas intentamos cambiar de una situación mala o peor a una menos mala o mejor. Sin embargo, para que sea soportable y sostenible, aún una situación buena debe introducir cambios de vez en cuando. Ese es mi caso. Y este blog, las cosas que se cuentan en él, son un reflejo de esos cambios.

En esta ocasión me voy a permitir comentar sobre un cambio drástico que he introducido en mi vida en los últimos tres meses relacionado con la clase de comida que como. Sí, se trata de un experimento con el que he coqueteado otras veces pero que hasta hoy día no lo había tomado tan en serio.

Pero creo que por fin ya (ahora, en estos momentos, hoy en día) me llegó el momento apropiado para dejar la carne, los huevos, la leche y en su lugar comer solamente alimentos provenientes de plantas.

Debo ser honesto: la razón de hacer este cambio radical no es simplemente moral aunque no niego que influye un poco en mi razonamiento; mas debo admitir que aunque me gusta la carne, el queso, etc., y alejarme de ellos cuesta bastante, he llegado también a comprender que no es saludable para mí y a la larga no me beneficia sino que al contrario, me perjudica en términos de aumentar/disminuir mis probabilidades y calidad de vida.

Es un experimento. No quiero teorizar. Comencé a mediados de Febrero de este año y la idea era comer vegetales y frutas por una semana y parar y evaluar, pero al segundo o tercer día sentí que mi cabeza se ponía ligera como si me fuera a doler, cosa que no ocurrió y decidí continuar por otro día, otra semana, otro mes hasta que comí carne un par de veces y no pasó nada, excepto que ya había desarrollado nuevas estrategias, había creado nuevos mundos, nuevos hábitos, otras alternativas que ya no parecen nuevas alternativas sino nuevas vías, caminos reales que se valen por si mismos y ese ha sido el principal descubrimiento: ir en esta nueva dirección es un fin que satisface a plenitud y resulta tan placentero en sí mismo que no tiene nada que envidiarle a mis hábitos y costumbres de comer anteriores...

Hacer este cambio ha sido una especie de revelación y considero que es un campo fascinante y digno de exploración. ¿De qué otra manera podría yo haberme puesto en contacto con tantas especies de plantas, con tantas variedades de vegetales de los que ni idea tenía cómo podía prepararlos para la comida, a la manera cómo todos sabemos preparar la carne y sus derivados?

Continuará ....

Monday, April 30, 2018

El precio de vivir intensamente

Una idea, unos pensamientos recurrentes se han apoderado de mí los últimos meses y creo que esta es la primera vez que les voy a dar salida por aquí o por cualquier otra parte.

Me he estado preguntando si la intensidad con la que se vive el presente interfiere con la duración o la calidad de la vida que se vivirá en el futuro.

De entrada parece que sí, y como un recordatorio de esto nos enteramos en estos días de la muerte a los 28 años de Avicii un renombrado DJ sueco, quién desde muy joven estuvo aquejado de problemas de salud asociados con su excesivo consumo de alcohol... Tuvo una vida corta pero extremadamente intensa.

Por un lado sabemos que decisiones que tomamos cuando somos jóvenes influyen de manera decisiva en situaciones que afectarán nuestro futuro... Por ejemplo ahí está el fumar. Al momento de una persona comenzar hacerlo en sus 20 o 30 años no se ve la conexión que puede llegar a tener para vivir pasados los 70, suponiendo que algo no se interponga antes en el camino.

Ahora bien, está comprobado que la diferencia de vida entre un fumador y otra persona que no lo sea, sobrepasa los 10 años y habría que cuestionarse si el placer que proporciona el tabaco compensa esta diferencia. No hay que olvidar que el fumador lo hace por gusto: valdrá la pena el gustazo que se da para justificar el hecho de vivir menos años. En todo caso hay que admitir que su vida es más candente.

Desde mi punto de vista la experiencia de vivir el presente cuando se tiene 20 años (o cualquier punto de la vida en relación con un futuro más o menos lejano) está muy remotamente relacionada en el tiempo con las consecuencias futuras del accionar de día a día y eso presenta dificultades existenciales, logísticas que impiden tomar medidas apropiadas cuando todavía se pueden evitar algunas consecuencias nefastas.

Surge la inquietud: hacer esto o lo otro parece divertido, mas, puede al mismo tiempo ser peligroso, a la larga. ¿Y qué tal si no se vive "a la larga"? La vida está llena de azares y nada ni nadie puede asegurar que se llegará a determinada edad sin contratiempos, sin accidentes, etc. Todo entonces se resume a decidir de antemano (consciente o inconscientemente) sobre los riesgos que podemos asumir y tolerar; o dicho de otro modo, de tomar la decisión de cuáles placeres de la vida valen o no la pena vivir con o sin ellos.

¿De dónde viene todo esto? Muy simple: últimamente, con más frecuencia que de costumbre para mi gusto, tengo que decidir si pasarla bien y super-bien ahora, hoy o esta noche, alterando mi conciencia con unas cuantas cervezas, copas de vino, etc., sabiendo de antemano las consecuencias, el precio que deberé pagar el día siguiente que no es otra cosa la mayor parte de las veces que no sentirme 100% bien, la alta probabilidad de tener que usar analgésicos durante todo el día para calmar el dolor de cabeza y en el peor de los casos sentirme como una mierda que no sirve para nada lo que en otras palabras se traduce en perder todo el santo día.

De ahí que yo sienta a veces que mi bienestar de hoy producto de mis excesos sea algo así como un préstamo por adelantado, que le estoy cogiendo prestado al futuro y por ese placer y bienestar potenciado del ahora o del hoy tarde o temprano deberé pagar un precio muy caro.

Para todo hay una expresión y el argot popular (cliché) describe esto de esta manera: "un gustazo, un trancazo". Usualmente viene a colación luego que el hecho está consumado y no se puede volver atrás. Ocurre que luego de unos cuantos trancazos uno se cuestiona si vale la pena el gustazo... Lo bueno de todo esto (si es que hay algo bueno) es que de antemano uno escoge los trancazos y sabe el precio que va a pagar por adelantado (no hay sorpresas) y así 'duele' un poquito menos...

Saturday, March 31, 2018

Amsterdam

La verdad es que ahora mismo no me viene muy bien a la memoria la razón por la cual yo quería ir a Amsterdam. Parece ser un destino que se repite mucho en la lista de destinos preferidos de turistas de todo el mundo y quizá por eso estaba en el inconsciente mío de los lugares que algún día quería visitar.

La oportunidad de ir se me presentó a mediados de Enero de este año cuando apareció una oferta muy tentadora a través de una promoción de mis líneas aéreas favoritas y no lo pensé dos veces e inmediatamente aproveché para comprar mi pasaje para Amsterdam. Una estadía que recién acaba de finalizar y que estuvo programada del 21 al 27 de Marzo del 2018.

La impresión que me dejó esa visita sobrepasó cualquier expectativa que hubiera podido tener al respecto. Porque era muy poca la exposición mía a la historia de Holanda y su influencia en el mundo. Al final de cuentas resultó que los holandeses han jugado un papel muy importante en la historia mundial tanto en el comercio como en la tecnología como la construcción de barcos por poner unos cuantos ejemplos.

En pocas palabras voy a expresar las cosas que más me llamaron a la atención de Amsterdam. Lo primero y quizá era de las pocas cosas que sabía, fueron los canales. Esta gente y el agua se llevan muy bien. Y es una cuestión de muchos años. Algo que no sabía y que me dijo un hermano mío es que los mejores ingenieros hidráulicos del mundo son holandeses. Y con razón. A Holanda se le llama también Los Países Bajos porque como en el caso de Amsterdam, la ciudad está por debajo del nivel del mar y los canales son una manera de controlar y sacar el exceso de agua, sirven para evitar inundaciones.

Me llamó a la atención sobremanera, los molinos de viento que aunque quedan pocos en la ciudad, servían para todo, pero en un tiempo además de moler eran la herramienta preferida para sacar el exceso de agua de los canales. Es impresionante estar en uno de ellos y ver toda la tecnología envuelta en su funcionamiento.

Las bicicletas son algo que impresionan de Amsterdam. Están por todas partes y son el modo de transporte por excelencia de todo el mundo: niños, niñas, adultos de todas las edades, ancianos sin distinción género. Es una locura. Lleva un tiempo acostumbrarse. Si no se tiene cuidado uno puede ser arrollado fácilmente por una bicicleta; salen de todas partes y por dónde menos uno lo espera.

La gente en Amsterdam parece muy abierta y tolerante y de hecho lo es no solamente en cuestiones sociales y morales como ya sabemos de la prostitución y el uso de drogas menores, sino también en otros detalles un poco más sutiles. El hotel en el que me quedé está situado en un vecindario de casas de un solo nivel y de camino a la parada de autobús pasaba por el frente de las casas a diferentes horas y siempre se podía ver el interior de las mismas: la sala, cocina y otras dependencias iluminadas tras los ventanales de cristal. Parecía como una muda invitación a entrar en sus moradas y hacernos partícipes de su forma de vivir.

Por otro lado, debido al ejercicio físico a que los obliga el pedaleo constante en sus bicicletas, la gente local de Amsterdam parece estar físicamente muy en forma sin importar la edad o el sexo. Y el tamaño es otra cosa que sobresale. Estos holandeses que encontré son muy altos hasta el punto que como no soy alto tuve que empinarme al ir a un baño para poder alcanzar el urinal.

De seguro se me escapan muchas otras cosas pero las anteriores son las que más difieren de otras ciudades en las que he estado y por eso he querido resaltarlas antes de que me acostumbre y ya comience a pasarlas por alto.

Wednesday, February 28, 2018

La nueva esclavitud

Son las 6:30 PM y acabo de recibir las cajas de las solicitudes que he pedido recientemente a la compañía para la que trabajo. Me las entrega un empleado de una de esas multinacionales líderes del mercado, especialistas en el servicio de entregas a domicilio.

Es el mismo empleado que conozco por más de 18 años y existe con él la suficiente familiaridad y confianza para ir más allá del acto de firma y entrega de los artículos entregados. Pequeña conversación, bromas, cambio de impresiones son prácticamente parte y norma de nuestras interacciones en los segundos previos y posteriores a ese ritual de entrega de mercancías.

Se ha ido ya y estoy en el proceso de abrir las cajas recibidas cuando suena el timbre de nuevo pues nuestro amigo ha olvidado entregar otro paquete que venía dirigido a mi persona.

El aprovecha entonces para decirme con cara de mucha seriedad que hoy su jornada de trabajo termina a las diez de la noche. Se le ve muy disgustado y me agrega que el número de entregas que tiene que hacer en el día de hoy es de 130, lo cual es mucho menos que el número de 180 que tienen que hacer los empleados nuevos.

Parece que no puede más y está aprovechando para desahogarse. Me dice que están abusando de él (y de los demás, especialmente los que entran nuevos en la empresa) y que ello le afecta en la casa, con su familia. La noche anterior no pudo dormir.

Es duro escuchar estas historias sin uno poder hacer nada, sin uno poder dar una que otra solución o expresar algunas palabras de aliento. Sólo me da tiempo a poner cara de asombro y las palabras de consolación se atragantan: al final no salen de la boca. ¿Qué podría uno decir para ayudar?

Te sientes un poco culpable también pues es un costo indeseado que se paga por la conveniencia de recibir entregas en la comodidad de la casa. Yo, la sociedad, el nuevo estilo de capitalismo, estamos todos contribuyendo a este tipo de explotación que las empresas ejercen sobre estas personas.

Y no le veo una escapatoria posible. Hasta ahora no se me ocurre ninguna solución más o menos realista: viable. ¿Cómo decirle que lo deje todo y haga otra cosa? Tiene esposa, tiene hijos, tiene una hipoteca que pagar y quién sabe cuántos otros gastos adicionales. Probablemente tiene seguro médico a través de la empresa que no sólo lo cubre a él sino también a toda su familia.

Por si fuera poco, ya no tiene 20 ó 30 años. Los mejores años de su vida los ha dejado/dedicado a esta empresa y ya no tiene la fortaleza física ni mental para comenzar de nuevo. Ni siquiera tiene tiempo para descansar adecuadamente si calculamos la hora a la que debe de llegar a la casa luego que termina de trabajar. Apenas tiene tiempo para irse a acostar. Y yo aquí especulando que tampoco va a tener la fortaleza para poder continuar: un día se va a enfermar. El estrés se hará cargo de él.

Está metido en una trampa, está atrapado y el lo sabe de la misma manera que lo saben todas esas personas que trabajan en el nuevo tipo de economía dominada por la tecnología.

Se suponía que ella, la tecnología, nos liberaría pero lo contrario ha sucedido; nos ha encadenado. Es la nueva esclavitud. Ella se ha convertido en la nueva forma de esclavización, a la que no podemos escapar pues nos controla todos los pasos, día y noche y es omnipresente, está en todas partes sin nunca darnos la más mínima tregua.

Tuesday, January 30, 2018

El precio de reducir la realidad

He estado pensando últimamente en lo grande que es el mundo y en el poco tiempo que uno le dedica a pensar en esa grandeza.

Sí, parece que simplificamos la vida y el mundo de tal manera que no nos damos cuenta las muchas cosas que hay a nuestro alrededor. Y lo mucho que nos falta por conocer o lo mucho que ignoramos.

Vivo en una gran ciudad y cuando ando manejando son miles de carros que van en la misma dirección que yo o en la contraria. Cuando en la noche miro esos edificios grandes con centenares de ventanas iluminadas, me imagino que detrás de ellas se ocultan vidas, personas, otros seres vivientes con sus penas, sus alegrías, sus pesares.

Por igual cuando me toca viajar. Uno tan ensimismado en su propio viaje creyendo que es algo único y especial que aunque es probable que lo sea, ese sentimiento es también compartido por millones de viajeros en miles de aviones que cruzan los cielos de aquí y de por allá.

Y de igual manera, qué de los demás, la inmensa mayoría que no puede hacer lo mismo. ¿Nos detenemos a pensar en toda esa gente?

Algo grandioso se pierde cuando dejamos de pensar en el conjunto. Parece que debe tener algún beneficio el proceso de abstracción que hacemos cuando reducimos el mundo a pequeñas unidades y cuando dejamos de ver las múltiples cosas que ocurren a nuestro alrededor.

Ciertamente debe tener un beneficio: el mundo se vuelve quizás más manejable, más predecible pero a qué precio.

Es un precio muy caro el que se paga cuando tenemos una visión reducida de la realidad, cuando dejamos de conocer la manera de pensar de los otros y cuando dejamos de abrirnos a las miles de posibilidades que el mundo ofrece.

Sunday, December 31, 2017

Las culturas y las diferencias individuales

Falta un poco más de una hora para terminar el año y de igual manera falta lo mismo para comenzar otro. No que en realidad falte nada. Los finales y comienzos de año son arbitrarios. Al universo nada de esto le importa. Son más bien un constructo, una invención que creamos nosotros los humanos basados en este parámetro del tiempo que tarda la tierra en dar una vuelta completa alrededor del sol. Esa vuelta sin embargo pudo haber comenzado en cualquier otro mes o cualquier otra estación y no necesariamente tenía que estar vinculado por un acontecimiento de carácter religioso.

Antes que termine Diciembre me debo un post o se lo debo al blog y aprovecharé la ocasión para hablar o especular de las disimilitudes, las diferencias que existen entre nosotros los humanos y de las cuales no siempre somos conscientes y por ello la mayoría de las veces no nos preparamos para enfrentarlas, minimizarlas o sobrellevarlas.

Asumimos casi siempre que por hablar el mismo idioma nos estamos comunicando, que compartimos las mismas ideas y sentimientos, las mismas emociones.

Pero no es así. No es la realidad. Es más fácil de ver cuando se tiene la oportunidad de compartir con personas de otras culturas y resulta chocante lo que para uno es lo más normal del mundo para la persona de la otra cultura puede ser un acto de lo más desagradable.

Hablo por experiencia propia. Recientemente estuve de visita en Roma, Italia y allí de manera casual conocí a una chica proveniente de China. Nos hicimos amigos, salimos un par de veces a charlar, a comer y beber y de paso conocer las atracciones de la ciudad. Teníamos los mismos objetivos: éramos turistas, de visita por primera vez a Italia y el acompañarnos mutuamente en nuestras correrías hacía mucho más ameno el recorrido por la ciudad.

                                                               

El segundo día que acordamos encontrarnos en un lugar y llevado por la camaradería con las que nos habíamos desenvuelto el día anterior, intenté saludarla con un beso en la mejilla y noté que sutilmente me esquivó por lo que opté por darle la mano. Sin embargo, a partir de ese momento un tanto raro y de incomprensión todo el resto del día nos la pasamos de lo más bien andando, compartiendo y tirando fotos por doquier a todo lo que nos parecía interesante incluidos nosotros mismos.

Al tercer día de hacer más de lo mismo y mientras comíamos y descansábamos de nuestras andanzas del día no pude resistir más la curiosidad y le pregunté cómo era la costumbre de saludarse en China. Me contestó que generalmente en China son muy circonspectos, no expresan mucho sus emociones, las reprimen; para ellos la costumbre de Occidente de darse besitos les parecía asquerosa (gross) y que tampoco era costumbre el darse abrazos (con la excepción de las parejas aunque no con mucha frecuencia)...

A partir de ese momento, para mí todo comenzaba a tener sentido... Me dijo que poco a poco, en la medida que ella veía más TV de Estados Unidos ella comenzaba a desensibilizarse y por ende reaccionaba menos a las costumbres de occidente.

Cuando nos despedimos esa noche me dio un abrazo...

Esa experiencia para mí fue sólo la punta del Iceberg. Ello me puso a reflexionar en cuántas otras cosas nos equivocamos, no sólo en una dirección sino desde otros ángulos. Qué transmitimos y cómo es interpretado y qué los demás transmiten y cómo nosotros lo interpretamos.

Mas, este fenómeno de interpretar de manera diferente ya sea con una connotación positiva o negativa las expresiones culturales de un grupo, no se da exclusivamente entre grupos que están muy separados física o geográficamente.

La realidad es que aunque es más fácil de entender y procesar estas reacciones a las diferencias de ver el mundo en grupos disímiles, estas también existen dentro de un mismo grupo y más aún entre individuos de la misma cultura.

Lo difícil de todo esto es que no siempre o talvez sea casi imposible ser consciente de todas las fuerzas y todos los factores que actúan a favor o en contra de una interpretación acorde o ajustada a la manera como un mensaje ha querido enviarse o transmitirse.

Debido a esto las fuentes de incomprensión y desconcierto que existen entre los emisores y los receptores de mensajes son muchas.

Aparentemente la única solución viable que yo le veo es la apertura, la búsqueda de explicaciones más allá de las que ofrece nuestro propio marco, sobretodo si este no es lo suficientemente amplio y grande y si se tiene la oportunidad como en el caso mío con mi amiga China...,de poder hacer unas cuantas preguntas.