Wednesday, January 18, 2012

La importancia del otro

Vivimos una época marcadamente narcisista. Un período en el que el 'Yo', los egos, están por encima de todo. Con razón pero muchas veces sin ella, nos creemos celebridades y nos hemos convertido en los principales portavoces de lo que consideramos son nuestras características más atractivas y relevantes.

No nos vayamos a confundir, sin embargo. En todas las épocas ha habido narcisistas. Lo que creo es que en este período que estamos, con el advenimiento de la red y los 5, 15 o 50 centavos de fama, hemos tenido más éxito que nunca en eliminar las barreras que impedían auto-resaltar sin culpa ni remordimiento los valores propios. Hemos perdido el pudor y como consecuencia no nos sentimos avergonzados de exaltar todo lo que consideramos meritorio en nosotros.

Hasta ahí el problema no es grave. Lo es cuando toda esa demostración de nuestras valías se logra ignorando el valor que poseen los méritos de los demás. Llamar con descaro la atención hacia nosotros sin hacer el más mínimo reconocimiento de las cosas que hacen a los demás valiosos es sencillamente de muy mal gusto y como diría Emily Dickinson a la vez triste y deprimente.

Porque detrás del otro, detrás de los otros se esconden otros Yo(s) con iguales deseos y necesidades de ser reconocidos por mí o por nosotros. Pero a veces por estar tan empeñados en demostrar lo que somos, lo que tenemos, lo que valemos, no percibimos que estamos alienando ese mismo deseo nuestro en aquella otra persona que es otro yo en otro cuerpo.

Peor aún, nuestro excesivo énfasis por hacer resaltar nuestras cualidades superiores provoca las más de las veces efectos contrarios a los que andamos buscando. De la misma manera que provoca en nosotros resistencia ver ese auto-despliegue desenfrenado de cualidades sobresalientes en un tercero, asimismo esa misma resistencia provocamos nosotros en los demás, en los otros y así nos autocancelamos mutuamente.

Si nos ponemos a analizar, el otro del otro soy Yo y por lo tanto tratarlo, tratarla, tratarlos bien es una manera de tratarme bien a mi mismo. Al menos eso dice la ley de la reciprocidad.... Y si esa ley se equivoca, por lo menos en mí provoca que me sienta mejor como individuo, como persona y sobretodo como ser humano.

Thursday, January 12, 2012

Discrepancias

A mi interlocutora le parece inaudito que la hermana de su esposo tenga maneras de pensar tan diferentes a las suyas. Con una cara que parece más de espanto que de incredulidad, ella me confiesa que su cuñada se acuesta con los hombres por el gusto.

Y dentro de mí el que se espantó fui yo. ¿Acaso no se suponía que las mujeres todas, sin ninguna excepción, cuando se acuestan con un hombre es por placer, por amor y no por ningún otro elemento envuelto que no sea el mutuo interés, el interés común de disfrutar el intercambio, la relación?

Creo que tuve más éxito que ella en ocultar mi sorpresa y me contuve a duras penas de no decirle la verdad de lo que verdaderamente pensaba al respecto. Me sonreí y dejé que la conversación se fuera por otros rumbos.

No siempre el interlocutor con el que se está resulta apropiado para razonar algunas cosas.

Thursday, January 5, 2012

Noche de insomnio

Tengo sed y quiero agua. Quiero apagar esta ansia que cual llama arde y quema mi garganta. Pero tengo frío, mucho frío y no quiero levantarme a buscarla. Estoy acurrucado en las sábanas, inmóvil, temeroso de dejar el único lugar en que a estas horas me siento seguro en medio de la oscuridad más negra de la noche. Fuera, a unos pocos centímetros, pegado a las cobijas, el gélido invierno se abate con toda su fuerza y crudeza. Es otra noche sin poder dormir y en el silencio puedo oir, puedo escuchar el corazón latir apresurado. Parecería que quisiera salirse, que quisiera correr al galope y desbocarse al encuentro de ese lugar hacia donde los pensamientos se dirigen y vuelan alados, con furia y fervor alocados.