Friday, July 16, 2010

El silencio no se negocia

Los amigos(as), los(as) amantes se escogen, la familia no. Huir de ella no podemos, separarnos tampoco nos es permitido como lo podemos hacer con los primeros. A ellos los escogemos en base a afinidades y desde el momento que nos estorban o los estorbamos la solución es muy simple: cada cual coge por su lado.
¡Qué lujo si pudiéramos hacer lo mismo con nuestros familiares!
Pero no, tenemos que aguantarlos y acallar nuestro sufrimiento del modo más estoico posible para no desencadenar una crisis peor que la de Watergate o no salgan a relucir cuestiones como la ingratitud, la intolerancia o hasta la indignidad (¡qué indigno! es una expresión de mi mamá). Esos sí que son verdaderos chantajes. ¿Cierto?

Tener supuestamente mal carácter o defender las posiciones en las que se cree de manera muy vehemente no es razón suficiente para espantar familiares. Probablemente es un magneto porque la gente busca dirección y sabe que ahí la puede encontrar. Los inestables encuentran también una razón para acercarse. No hay mejor manera para encontrar un destino mejor o ponerle un rumbo a la vida que subirse a un barco que aunque no se sabe para dónde va, por lo menos no se está hundiendo.

El dominó se ha barajado en múltiples ocasiones y las fichas se cambian, se alternan. También los escenarios sufren profundas modificaciones y las piezas vuelven a terminar de nuevo en las manos del mismo jugador. Por suerte algunos se van a jugar con otros jugadores que han emergido pero no se van muy lejos y se quedan gravitando dentro de la órbita original por si acaso y se temiera perder el punto de equilibrio que los mantiene atraídos hacia un centro de gravedad. Lo que no se explica es cómo han aparecido últimamente nuevas piezas que suplantan a las existentes y ello no genera ninguna señal de alarma.

Una explicación se aventura y es que acostumbrados a observar transferencias positivas que ocurren en una sola dirección los actores se olvidaron y no se prepararon para las también existentes y conocidas transferencias negativas, las que dependiendo de su magnitud pueden afectar el bienestar de los jugadores muchísimo aún si estos creyendo sabérselas todas las ignoran. Lo más difícil que hemos encontrado es la cuestión de los gustos. Es increíble cuán diferente pueden ser y diferir en dos personas que poseen los mismos antecedentes. No sólo en música y en preferencias televisivas sino en todo....
Lo más difícil sin embargo es tener que oír lo que no se quiere oír. El qué, cuándo y cómo se oye, importa mucho. O cuando no se quiere escuchar nada en absoluto. Por la razón que sea...
¡Qué difícil se hace negociar los espacios de silencio!

2 comments:

Argénida Romero said...

Los espacios, el ruido...hasta las palabras.

Negociar es díficil,sobre todo cuando no puedes mandar a la porra a la persona en cuestión. Fina diplomacía...hasta donde se pueda.

Raymunde said...

Jodi y la negociación que tuvo lugar entre vosotros dejó su rastro bien visible en tu blog :).
Sí, hay cosas que son difícilmente negociables, y más en un espacio restringido y cuando la confianza que se tiene con el interlocutor y el conocimiento recíproco son grandes.
Sólo se puede tener paciencia.