Saturday, May 5, 2012

Yo hablo mucho!

Es un hecho que no puedo negar. Hablo mucho y en ocasiones no dejo hablar a los demás. Y me lo han hecho saber más de una vez. El origen puede atribuírse (entre muchas otras posibles causas) a haber crecido en medio de una familia numerosa donde para hacerse oír había que aprovechar la más ligera pausa si se quería entrar u opinar en una conversación. Si desaprovechabas esa minúscula oportunidad te quedabas con las ganas de expresar lo que querías decir pues el intercambio fácilmente podía girar en otra dirección de manera vertiginosa.

En ocasiones no se deja que la otra persona termine una idea o una frase de manera completa. Antes que finalice se comienza a hablar y por momentos ambas intervenciones se superponen. Se intuye el final y para quienes estamos acostumbrados, la conversación sigue un ritmo acelerado, muy animado y bastante fluido. Se cubre mucho terreno en pocos minutos.

Para los que no están acostumbrados, eso es muy rudo de nuestra parte y les parece de muy mal gusto, hasta de malos modales y poca educación. Para nosotros, en cambio, nos parece una eternidad tener que esperar que ellos terminen de formular sus ideas. Es casi una tortura la lentitud con que va todo el desarrollo del intercambio. Nos parece como si el turno nuestro nunca va a llegar y las ideas se escapan, se olvidan, cuando nos hacen esperar demasiado.

Para mí fue una salvación leer a Deborah Tannen quién clasificó y definió magistralmente estas formas de conversación. Ella las clasificaba como estilos y llamaba 'comprometido' al estilo donde los intercambios estaban llenos de interrupciones de ambas partes, las pausas eran cortísimas y las superposiciones eran bastantes frecuentes entre los hablantes. Ella pudo notar que en los Estados Unidos podían identificarse regiones enteras donde un estilo era más prevaleciente que el otro y lo frustrante que era comunicarse para las personas cuando las mismas no compartían el mismo estilo de conversación.

Entender todo eso que acabo de explicar no necesariamente se traduce en tener la capacidad de adaptarse rápidamente al estilo de conversación del otro. Los hábitos son difíciles de erradicar y hay que hacer un verdadero esfuerzo consciente para tratar de cambiar los patrones que gobiernan los estilos de conversación.

Pero sería injusto dejar al otro con la sensación de que no se ha comunicado. Hablar, comunicarse, entenderse es un placer y dar ese placer es en sí mismo tan placentero como el que obtenemos cuando hacemos lo propio.

Si no le había hecho suficientemente caso a las señales que me habían dado con anterioridad, ahora se impone que sí les preste mucha atención. Debo cambiar o adaptar mi estilo de conversación pues así lo demanda y lo requiere la población con la que actualmente trabajo. Es muy vulnerable y más que todas necesita de toda mi comprensión y esfuerzo.

Así espero hacerlo también con todas esas personas que se han quejado de que no las he dejado hablar!

4 comments:

Sonia Tejada said...

"Para los que no están acostumbrados, eso es muy rudo de nuestra parte y les parece de muy mal gusto, hasta de malos modales y poca educación." Esa cita tuya resume lo que yo opino del estilo de conversación "comprometido," por lo general... Entiendo que es un estilo, pero no me gusta, prefiero una conversación en la que se conversa, se procesa, se piensa, se intercambian ideas, en vez de superponerlas.

Las conversaciones son como la música: necesitan de los silencios para crear el ritmo y armonía...

Me gustó el post, y me habría encantado que hubieras puesto el vínculo al texto al que haces referencia.

Fernando said...

Encantado de que te haya gustado mi post mi querida Sonia y te hubiera puesto la referencia si la hubiera encontrado en español. Es un tema recurrente en la Tannen y aparece de una manera u otra en todos sus libros. Le sirve de base para estudiar la comunicación entre los géneros también.

No obstante, encontré un resumen en inglés utilizándola a ella como fuente que quizás puede documentar lo que acabo de decir: (ver página dos) http://businesscommunication.org/wp-content/uploads/2011/04/17ABC03.pdf

La analogía de las conversaciones con la música es muy atinada. Como también comprenderás en algunas composiciones los instrumentos se superponen y hay muy poco espacio para el silencio o el mismo tiende a ser de muy poca duración. A algunos este tipo de música puede dejarles exhaustos. A otros les encanta, se sienten cómodos. Yo soy de los que creo que se puede vivir en ambos mundos... :)

Anonymous said...

Me siento igual Fernando, lo peor es que esto me ha "quemado" en mi trabajo, piensan que hablo tanto que ya casi no me respetan, ahora estoy tomando un medicamento para concentrarme y estar mucho más enfocada en lo que hago, también para dejar hablar a otras personas. Tengo una hija de casi 12 años que es igual y cuando trato de modificar su personalidad se enoja mucho, se frustra, interrumpe las conversacones, se le pregunta algo a su hermana más pequeña y siempre responde ella, no sé cómo explicarle que es sólo por su bien que trato de darle el feedback, así no sufrirá lo mismo que yo he sufrido. Yo lo asumo a una larga epilepsia que tuve desde pequeña, me dieron de alta a los 14 años, pero desde los 5 años que tomé medicamentos, quizás equivocadamente, ahora tengo 41 y trato de controlarme lo que más puedo, pero no es sencillo el medicamento no es tan poderoso jajaja

Pablo said...

Fernando ! Excelente este articulo!