Tuesday, November 27, 2012

Y tu qué harías?

Yleana, la vecina del tercer piso, no pudo haberlo dicho mejor el otro día, al expresar la dificultad con la que se enfrentan los amigos de sexos opuestos que se gustan (o al menos uno de ellos tiene sentimientos por el otro y también puede ser aplicable a amigos y amigas del mismo sexo en caso de que por lo menos uno esté interesado más allá de la amistad en el otro u otra).

Ella me decía que todo es muy confuso y ambiguo. Los gestos de afecto y cariño entre amigos pueden tener más de una forma de interpretación. No necesariamente es una muestra de interés físico, la cercanía y las expresiones de ternura y afección. Pero sí podrían serlo. Sin embargo el temor a equivocarse o el miedo de cometer un error imperdonable que pudiera dar al traste con la relación parecería ser el deterrente principal que impide el que se avance en alguna dirección.

Nadie se atreve a dar un paso en falso o moverse hacia un espacio comprometedor. La retirada tampoco parece ser una opción deseable y viable en situaciones de este tipo. Jugársela el todo por el todo es muy riesgoso. Puedes ganar pero también puedes perderlo todo en un abrir y cerrar de ojos, si tus intereses no son correspondidos o compartidos.

Toda esa iluminación provino a consecuencia de haberse tomado unos cuantos tragos de ron mezclados con no recuerdo qué y mientras nos dedicábamos a la dichosa tarea de diseñar los preparativos de una fiesta en mi apartamento.

Hace dos meses de eso, sin embargo, y todavía estoy esperando el día y la hora en que la grandiosa fiesta se va a celebrar.

Monday, November 26, 2012

Mi Caricatura

No hay mejor manera de conocer a una persona o en su defecto, a sí mismo, que a través de la acentuación de sus rasgos salientes, esos que la caracterizan y la definen como la que se puede lograr a través de una caricatura.

Es irónico que esos rasgos no sean tan apreciables en una perfecta copia como lo sería quizás en una fotografía. Precisamente es la deformación la que contribuye a resaltar eso que estando ahí no era tan apreciable para mucha gente, incluída la persona poseedora de dichos atributos.

Se me ha criticado más de una vez el que yo me río mucho al hablar, muchas veces, sin esperar terminar una idea y más aún cuando la risa es inapropiada o no se corresponde con la seriedad del tema de la conversación que se lleva entre manos.

La semana pasada me encontré un caso extremo de alguien que se ríe superlativamente más que yo y peor aún, lo que me estaba contando era una historia más bien triste, deprimente y la risa dadas las circunstancias me pareció un tanto macabra. Escuchar a esta muchacha producía una sensación algo dolorosa.

En un momento de la conversación hasta pensé pararla y decirle que lo que me contaba no era para reírse, pero me contuve. He preferido dejar eso para cuando tenga más confianza con ella o para hacerlo en una próxima ocasión, si es que por casualidad hay una nueva ocasión. Uno nunca sabe.

Para mí fue como mirarme no en mi propio espejo sino en uno de esos cóncavos y convexos que producen la mayor de las deformaciones dependiendo del ángulo en el que uno se mire.

He encontrado una caricatura de mi mismo y si antes no le presté suficiente atención a lo que me habían dicho, ahora sí, pues he quedado bastante espantado de la imagen que me ha devuelto el espejo.

Thursday, November 22, 2012

Aguafiestas

El otro día estábamos en una actividad-fiesta-celebración que organizó la compañía en la que yo trabajo. Se desarrolló en Queens en un centro de entretenimiento grandísimo que tiene de todo: bar, toro mecánico, mesas de ping pong, billar y otras amenidades.

La estábamos pasando divino y un grupo nos fuímos a las mesas de billar. Mi amiga JB dijo que no sabía jugar y me ofrecí a enseñarle. No que yo sepa mucho de eso pero le sé poner la mano a un taco y de vez en cuando meto una bola de suerte. Conozco la mécanica, la física del juego (redundante), la teoría si se quiere, pero me falta la práctica.

Todo iba muy bien. JB aprende rápido y para ponerse más cómoda ella, de repente, se quitó el jacket con el que andaba. Esa acción puso inmediatamente en alerta a uno de mis compañeros que estaba jugando en la mesa de al lado, quién, no pudiendo evitar ocultar su admiración por lo bien dotada que lucía mi compañera de juego, hasta se ofreció a ayudarla a mejorar el tiro.

Ese fue el momento preciso en que entró VL, otra compañera de trabajo que se alarmó al ver la escena, le daría envidia lo que estaba pasando, todos esos ojos clavados en los "activos" de JB. Inmediatamente vociferó algo como WOW y se acercó a la mesa para alertarle en voz baja y al oído lo que estaba provocando.

¡Qué aguafiestas la tipa esta! Es lo que en inglés se llama una "cockblocker".

No obstante, mi amiga no le hizo ningún caso y siguió jugando como si nada hubiera estado ocurriendo. Qué yo sepa, ella no hizo nada para evitar que la siguiéramos mirando ni tampoco nos prestó la más mínima atención para ver si la estábamos observando.

La vi de nuevo recientemente y creo que vamos a volver a jugar pool uno de estos días ...

Monday, November 19, 2012

Soy libre, no tengo TV por Cable

Finalmente, después de meses y meses de pensarlo y re-pensarlo, tomé la decisión de suspender el servicio de TV por cable en mi casa. Hoy hace ya cuatro días que estoy sin ese servicio. Todavía no he tenido tiempo de sopesar lo tanto que me ha hecho falta o no. Por lo pronto es como quitarme un peso de encima.

Porque la verdad es que no veo casi televisión. A pesar de eso, tomar la decisión no fue nada fácil. Uno se acostumbra a saber que está ahí, que la tiene en caso de necesidad aunque ella pase más tiempo apagada que prendida.

A veces se paga más por la disponibilidad del servicio que por el uso que se le da. Para en el caso de que de repente a uno le entre el deseo de ver algo, la enciende, más por el hábito y  la costumbre que por el mismo deseo de obtener información y entretenimiento.

¿Acaso la TV sirve para algo más?

Hasta ahora he podido satisfacer esas necesidades de otras maneras. Y parece que ha sido así desde hace bastante tiempo. Ya era tiempo, entonces, de que me hubiera dado cuenta o de que hubiera hecho algo al respecto. Era como botar dinero a la basura y el dinero no se debe botar a la basura, así por así.

Ni aunque fuéramos ricos y no lo somos sino todo lo contrario: somos muy pobres!

Sunday, November 18, 2012

Apoyo la resistencia al "Paquetazo" Dominicano

Una acción, no una imagen, vale más que mil palabras. Ya lo decía José Martí que "la mejor forma de decir es hacer".  Por eso ayer me uní al grupo que se decidió a protestar "El paquetazo" frente al consulado Dominicano en Nueva York desde las 9:00AM hasta la 1:00 PM.

Llegué alrededor de las 11:30 AM y permanecí como una hora, pues tenía otros compromisos de por medio. En lo que estuve ahí me alegré por el orden, la espontaneidad, las consignas que se lanzaron y el entusiasmo de un público de todas las edades pero en especial por el componente joven y muy joven que no le tuvo miedo al frío y se hizo presente y se manifestó decididamente en contra de las medidas impositivas e impopulares que afectan sobretodo a la clase media y los más pobres en la República Dominicana.

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Debo resaltar la alegría que me dio encontrarme con Sonia Tejada y Sara Pérez protestando. Ellas, dejando de lado sus obligaciones particulares, se sumaron a esta demostración de respaldo a los sectores que rechazan el aumento significativo de la carga impositiva de los dominicanos, mientras sus líderes viven una vida de lujo y despilfarro, irrespetando los derechos humanos y haciendo leyes que sólo los benefician a ellos mismos.





















De igual significación, vale destacar el hecho de que tanto en Estados Unidos como en otras partes del mundo y en especial en la República Dominicana, las dominicanos están despertando de lo que parece haber sido un sueño o una anestesia que le hubiesen administrado.

Su descontento no busca ser canalizado a través de los partidos políticos tradicionales, sino a través de protestas como estas, espontáneas, utilizando los medios sociales y sin que haya dinero de por medio para participar en ellas.

Sólo el bien común, la lucha en contra de las injusticias y la búsqueda del bienestar colectivo es lo que parece ser la motivación que los une a todos que como en el resto del mundo ejercen su derecho a quejarse de las cosas que los afectan y que están mal en la sociedad.


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Sunday, November 11, 2012

Tarde de perros


Una tarde de pesadilla de la que no me quiero acordar, fue la que pasé el Sábado siguiente al paso de Sandy, el huracán-tormenta que descarriló el tren de vida de los newyorkinos y acabó por descarrilarme a mí cuando por tratar de conseguir gasolina me quedé sin gasolina en medio de una autopista de New Jersey.

Como oyen: mi odisea comenzó alrededor de la una y media de la tarde cuando decidido a hacer algo para conseguir el carburante, salí para la calle. Primero fui al banco pues estaba seguro de que iba a necesitar cash pues a nadie le venderían con tarjetas de débito ni crédito. En el camino alcancé a ver una fila enorme que daba vueltas a una manzana y cruzaba varias calles.

Me apresuré, conseguí el dinero y di la vuelta rápidamente y me puse en la cola e igual que yo, así hizo mucha gente detrás de mí para después de 2 horas venir la policía con altoparlantes a decirnos que teníamos que movernos de ahí porque no había gasolina en esa estación que debía suplirnos del combustible.

Ellos, los policías, nos indicaron hacia donde debíamos dirigirnos y yo me decidí por la bomba de la 181 St y Amsterdam en dónde con asombro nos dimos cuenta que la fila llegaba hasta más allá de la 190 St. No nos quedaba de otra y yo al igual que otros nos dispusimos a seguir el orden. Al rato y cuando habíamos avanzado algunos metros, llegó un taxista que nos dijo que él había llenado en New Jersey por Palisades y que eso no estaba lejos y que sólo nos tomaría unos 15 minutos llegar ahí.

A mí y a otros dos, nos pareció tentadora esa opción y como ya sabía donde quedaba Palisades y ante la perspectiva de pasarme 3 horas sin saber si conseguiría llegar a tiempo antes de que la gasolina acabara, pues decidí arriesgarme al igual que los dos que me siguieron.

Pero no contábamos con que al cruzar el puente George Washington Bridge la primera salida que era la de Palisades iba a estar cerrada (por la policía) y tuvimos que tomar otra salida que nos llevaba paralelo a la Palisades pero sin poder abordarla hasta que recorrimos un buen trecho. Podíamos ver la fila de vehículos abasteciéndose de combustible del otro lado. Cuando se presentó finalmente la opción debimos decidir si coger hacia el Norte o el Sur y uno del grupo señaló hacia el Norte y sin pensarlo mucho así hicimos cuando en realidad debimos haber cogido hacia el Sur.

¡Craso error! Así, en vez de acercarnos a la estación, nos fuímos alejando sin poder volver hacia atrás hasta que cansado de correr y temiendo lo peor pude dar la vuelta (¿un giro ilegal?) utilizando una pequeña entrada que se abríó en medio de la isleta que divide la autopista. Así comencé a retroceder junto a otro del grupo que hizo lo mismo que yo, pero no por mucho tiempo. El carro comenzó a fallar y no me quedó más remedio que coger la derecha de la pista para tomar el paseo o el carril de servicio y detenerme lo más pegado de la orilla de la vía.

La otra persona se detuvo y conversamos rápidamente, revisamos las opciones, pero me di cuenta que no podía hacer nada y le dije que se fuera, que trataría de ver cómo me las arreglaba. Con mucha pena que se le reflejó en el rostro, el tipo se fue y yo inmediatamente me puse a pensar lo qué podía hacer.

¡Qué sensación más incómoda esa, la de sentirse indefenso, impotente, sin un curso claro de acción y en medio de no se sabe dónde con todos esos vehículos pasándote por el lado a gran velocidad!

¿A quién acudir? ¿A quién pedir ayuda? Generalmente he estado del lado de quién ofrece la ayuda no de quién la recibe y para mí ese era un terreno un tanto desconocido.

No obstante en pocos minutos me di cuenta de que sólo mi hermana más pequeña, que es una de las personas con quién me siento más cómodo abriéndome y contándole mis cosas era la que me podía ayudar pues ella tenía el tanque de su vehículo lleno y si estaba libre vendría inmediatamente en mi auxilio... Así lo hice y de inmediato ella pensó cancelar la visita que le hacía a una amiga que acababa de dar a luz en el hospital pero le dije que ya que estaba ahí que fuera a verla porque yo no iba para ninguna parte y que podía esperar.

No contaba con lo desesperante que es esperar. Ni con que se estaba poniendo bastante frío y sólo podía acurrucarme dentro del carro para conservar calor. Logísticamente no era tan fácil para mi hermana conseguir un envase con gasolina (eso no es tan común ni necesario), un embudo para echarla y sería una proeza conseguir la dichosa gasolina ya fuera vendida o prestada.

Es en momentos así que descubres lo vulnerable que eres y te imaginas las muchas otras cosas que pudiste haber hecho para no haber caído ahí... Y así llegó la noche y como no tienes nada que hacer te recuestas del lado del asiento del pasajero hasta que de repente percibes las luces azules y rojas detrás de ti y que te señalan la presencia de un carro policial de los que patrullan las autopistas.

Pocas veces he podido alegrarme tanto de ver a un policía. Por fin había algo que podía hacerse que no era mucho tampoco. Llamar a una grúa que me acercaría a un punto con mejor accesibilidad para hacer mi rescate posterior un poco más fácil. Porque no me podía quedar ahí dónde estaba, en campo abierto, en medio de la nada.

Se hicieron los arreglos de lugar ..., lo que me costó bien caro. Ya en el destino final me acomodé como pude y con muchísimo esfuerzo traté de calmarme y relajarme pues era la mejor alternativa que tenía a mi alcance. ¿Qué otra cosa podía hacer?

Y parece que funcionó porque en la espera creo que perdí la noción del tiempo transcurrido y hasta me sorprendí cuando sonó el teléfono avisándome mi hermana que había llegado luego que finalmente y haciendo muchísimos malabares logró conseguir que le regalaran 2 galones de gasolina.