Estar ligado últimamente en el negocio de la compra y venta de acciones de Wall Street me ha hecho actualizarme un poco con algunas compañías que se dedican a la invención de medicinas para el tratamiento y la cura del cáncer. Más que todo he aprendido o reforzado la idea de cuán desconectados estamos nosotros de los procesos internos que ocurren dentro de nuestros organismos.
Vivimos en nuestros cuerpos pero estamos ajenos de lo que pasa allá dentro y en muchos casos cuando nos venimos a enterar podría ya ser demasiado tarde.
En especial, enfermedades como el cáncer, son el resultado de procesos o mecanismos que se salen fuera de control pero al mismo tiempo son algo que nuestros cuerpos han creado y de lo que conscientemente no nos hacemos responsables, ni vemos la manera cómo pudimos haber contribuido en su origen y desarrollo.
De la manera como yo lo veo, esto es un rompecabezas y una paradoja al mismo tiempo. El cuerpo está diseñado de tal forma que nos permite tomar conciencia de su existencia y mediante una serie de intrincados mecanismos asociados muchos de ellos con el placer y la evitación del dolor, el mismo nos hace todo lo posible para que lo alimentemos y lo ayudemos a su perpetuación a través de la reproducción.
Lo grande del caso es que no siempre le damos el crédito al cuerpo de lo que hacemos. Nos lo damos nosotros mismos cuando en realidad todo ha sido el producto de una programación de antemano.
Sin embargo, no entiendo cómo de la misma manera que el cuerpo a través del hambre nos señala que debemos comer, de esa misma manera debería decirnos que un cáncer se va a desarrollar en el colon o en los pulmones, o el páncreas, etc., etc..
Lo comparo con un conductor y su vehículo. Visto desde fuera, el conductor que conduce y el vehículo conforman una sola entidad; ellos forman una unidad; son la misma cosa. Lo mismo puede decirse de un jinete cabalgando su caballo. Ambos representan el mismo conjunto. Pero una vez el conductor sale de su vehículo ya deja de pertenecer, se separa de ese conjunto anterior. Pasan a ser dos entidades distintas. Lo mismo ocurre con el jinete y el caballo una vez el primero se desmonta del segundo. Ya no son una misma entidad.
La contradicción viene cuando me doy cuenta de que vivo en mi cuerpo, soy conciente de que le debo mi existencia pero al mismo tiempo soy una entidad también distinta de él, de que no sé realmente lo que hace, ni cómo lo hace pero no me puedo separar de él y no siempre tengo claro qué debo hacer para sacar el máximo de provecho de esta relación que tenemos entre los dos.
En fin, esto abre una caja de pandora y mejor lo dejamos hasta aquí...

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