Saturday, January 19, 2013

Me cuesta mucho trabajo

Les voy a hacer una confesión.

Me cuesta mucho trabajo disfrutar de algo a lo que no le veo futuro. Llámese esto un trabajo, una relación amistosa, una relación amorosa o cualquier otra cosa.

Mi expectativa inicial al entrar en cualquier actividad o empresa de cierta envergadura, es siempre que voy a durar mucho tiempo, aún si el asunto tiene corta duración o sólo sobrevive una noche o talvez un día. Busco y espero siempre que ese algo pueda ser duradero.

Si de antemano sé o descubro que hay escollos u obstáculos que se interponen para que esa relación a largo plazo -de lo que sea-  no tenga muchas probabilidades de éxito, se marchita mi interés y se me hace muy difícil continuar.

La frustración que produce el encontrar ciertas barreras que parecen infranqueables, cosas que parecen imposibles de superar o solucionar me paralizan y con mucha frecuencia a la menor oportunidad busco la primera puerta que se abre para salir.

Se me hace muy cuesta arriba recorrer un camino que de antemano veo no me lleva a un destino deseado. Hago proyecciones, elaboro teorías con los datos y los elementos que tengo a mi disposición en esos momentos y si los resultados no van en la dirección que creo deben ir las cosas no le veo sentido a quedarme ahí varado. Prefiero seguir adelante pero en otra dirección.

Puedo disfrutar de una relación casual, donde uno se deja llevar por el momento y las circunstancias y dónde no hay ningún tipo de compromiso pero tengo que no haber pensado en ello, tengo que haberme abandonado a los sentidos exclusivamente, pues si me pongo a pensar, dejo de encontrarle placer pues veo todo como una pérdida de tiempo.

Por otro lado, el saber que algo va a terminar, que algo que me gusta va a acabar, me arruina el momento y hago como el general Argentino (no logro acordarme de si es una historia real o ficticia que leí o me contaron) que en medio de la batalla le traen un vaso de agua y prefiere tirarla pues si no hay agua para todos y si la sed los va a arrasar de todos modos, el quiere adelantarse a eso y en vez de esperar, en vez de dilatar la llegada del mal, el sale a su encuentro.

Hasta hace poco tiempo no me había puesto a cuestionar la validez de manejarse en base a premisas como las enunciadas anteriormente. Y de repente otras ideas han surgido dentro de mi cabeza.

¿Y qué tal si yo estuviera equivocado? En mi trabajo anterior yo sólo pensaba durar 3 meses y sin embargo por circunstancias que no vienen al caso señalar, me pasé más de 6 años. Y desde hace casi un año he vuelto a trabajar en el área de la cual me salí tiempo atrás, pues estando fuera descubrí que me produce más satisfacciones que las que he derivado de mi trabajo previo.

Talvez, si no le ponemos restricciones, debería ocurrir lo mismo en las otras esferas de la vida. Debería preocuparme menos por encontrar la situación ideal que no existe y vivir más la actual que sí existe y es la que está ahí en frente nuestro todos los días. 

Nada es estático. Uno cambia, las personas cambian, las circunstancias cambian 

¿Quién dice que lo que hoy no es ideal no puede evolucionar para serlo y viceversa?

La meta final-final no es agradable y todos la conocemos y llega de todos modos sin proponérnosla. No hay que salir a su encuentro. Por el contrario hay que tratar de demorarla lo más que se pueda.

Mientras ese final no deseado llega, lo más juicioso parece ser hacer que las cosas funcionen con lo que se tiene a mano. Sin buscar soluciones fáciles. Y sobretodo, sin preocuparnos tanto hacia donde nos llevará ese tren que llamamos vida.

Al final de cuentas, controlamos menos de lo que creemos podemos controlar. Es la conclusión a la que he podido llegar en estos últimos días. Y creo que llegaré a otras más.

Sunday, January 13, 2013

El suicidio de Aaron Swartz. ¿Qué podemos hacer?

Todas las muertes duelen. Al menos eso creo yo. A alguna gente más que a otra, claro está. Y dependiendo de las circunstancias, unas se sienten con mayor intensidad que otras.

El suicidio es una de esas muertes que más impactan. Es como si fuera un accidente. Es algo inesperado que no da tiempo a reaccionar hasta que ya es muy tarde.

El dolor es más pronunciado si quién decide quitarse la vida es una persona joven, brillante: casi un genio. Además un activista social, alguien que se preocupa por el bien común, la libertad colectiva, el bienestar general de todos y que contribuye con acciones y hechos a hacer de este mundo uno mejor.

Si lo que llevó a esta persona a tomar esa decisión fue la persecución injusta, hasta cierto punto provocada por el ensañamiento del estado y del sistema judicial en contra de ella por un crimen que no provocó víctimas, entonces el sentimiento de dolor e impotencia es más profundo.

Estoy hablando de Aaron Swarts que a estas alturas todo el mundo debe saber quién es y quién se suicidó el pasado viernes 11 de Enero.

Gran parte del día de ayer y parte del de hoy me la he pasado leyendo sobre su vida y su obra, su legado y sobretodo las abrumadoras muestras de afecto, amor y cariño que no han dejado de manifestarse a través de todos los medios de comunicación.

Y me queda la duda, me queda la pregunta de si Aaron sabía que el iba a provocar todo eso, si el sabía que iba a ser extrañado tanto. Y de haberlo sabido, de haberlo sentido, si eso habría podido ser suficiente, si eso habría podido evitar que se suicidara.

Son interrogantes que me hago una y otra vez: ¿qué cosas puede hacer uno para prevenir el suicidio de alguien? ¿Cómo saber que se ha hecho todo lo que es posible antes de que sea demasiado tarde?

Es fácil lamentar lo que ya ha ocurrido... Llorar, afligirse, acusar el gobierno son todas cosas válidas que podemos hacer, pero ninguna de esas podrá devolver la vida a esta persona tan apreciada y tan querida.

¿Cuántos más como él (o quizás sea una ella) existen por ahí y de alguna manera nosotros tenemos en nuestras manos el poder de evitar que lleguen a tomar una solución tan extrema?

¿En realidad tenemos ese poder? Y si lo tenemos, ¿qué podemos hacer?

Friday, January 11, 2013

¿Quién controla la bestia?

Hoy tuve una pequeña discusión amistosa con un compañero de trabajo. Mientras hablábamos por teléfono me contaba que en esos momentos le acababa de cruzar por el frente, una muchacha con unas licras muy ajustadas.

A su juicio eso era una provocación. Ella no debía vestirse así. Si alguien se ponía de fresco, ella era la culpable, ella se lo buscaba... que su esposa no se atrevería a salir así de la casa, a la calle y más cosas en el mismo orden.

Lo paré en medio de la conversación y le dije que ella podía vestirse como le diera la gana y que eso no significaba que nadie tuviera derecho a propasarse.

Para mí su forma de ver las cosas implicaba que las mujeres debían pensar o saber la manera como piensan los hombres y que en todo caso eran ellas quiénes debían protegerlos vistiéndose de manera que no despertaran ningún deseo malsano de decirle cosas de mal gusto o el manosearlas como sugirío él estaban ellas expuestas al usar ese tipo de vestimenta.

¡Increíble! Lo que uno tiene que oir. Esta es una persona con la que hablo todos los días y que me llama para cada cosa y así es como piensa, así es como ve la realidad en cuanto a la relación y el intercambio entre los sexos.

Ya que no salía a relucir en la conversación, tuve que recordarle que como hombres el problema de controlarnos era nuestro, no necesariamente de las mujeres.... Esfuerzo inútil: no lo convencí. Diplomáticamente me dijo que respetaba mis opiniones pero que no estaba de acuerdo.

Ante la sorpresa que me dió escuchar el punto de vista de este individuo debo reconocer que no todo el mundo ha tenido la suerte que he tenido yo de haber convivido siempre rodeado de mujeres: amigas, familiares, compañeras de estudio y de trabajo, lo cual me da cierta ventaja para conocer la realidad del segundo sexo (o el primero dependiendo de donde o quién empiece a contar).

Asimismo creo que por la misma razón anterior me paso de ser super controlado y atiendo menos a mis pulsiones y presiones internas que a algunas señales externas. Debido a eso también, en más de una ocasión he perdido oportunidades de tener sexo, alguna que otra gente ha confundido mi orientación sexual y hasta reprimido sexual me han llamado.

No obstante, prefiero dar todas esas señales falsas y no a la inversa de comportarme como un cretino o un imbécil que no sabe diferenciar la bestia que todos llevamos dentro y sobre quién recae el control que debemos ejercer sobre ella.
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